Es difícil hallar una metáfora mejor de la endogamia del cine español que el hecho de que los dos Goya más importantes de 2006 -mejor director y mejor película- se entregaran un lunes... ¿a las dos de la madrugada! De los casi cuatro millones de españoles que empezaron a ver la ceremonia, sólo 800.000 valientes aguantaron para saber cuál era la cinta triunfadora. El dato no es una mera anécdota: la gala de este año ha vuelto a reflejar hasta qué punto la industria audiovisual vive de espaldas a su propio mercado. No es sólo una cuestión de horario. La ceremonia fue larga y tediosa y ni Resines ni Velasco tuvieron la chispa necesaria para sacarle punta a un guión que parecía de cartón piedra.(...)