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Miércoles, 1 de febrero de 2006
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CULTURA
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OPINIÓN por Ricardo Aldarondo. 'Conciencia fresca'
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P ara los que admiramos desde hace años a Alberto Iglesias e intuíamos el gran músico de cine que llegaría a ser, la gran alegría ayer fue su candidatura al Oscar. También para quienes gustan del donostiarrismo mundial. Se lo merece porque es uno de los músicos más imaginativos y emocionales que hay en el cine de hoy. Así, sin fronteras.

No es la primera vez que tenemos que recordar que los Oscar no son premios tan rancios y conservadores como se suele considerar. A pesar de la cantidad de naderías y horrores que produce el cine estadounidense y logran colarnos entre salchicha y salchicha, el cine de Hollywood, o más bien sus alrededores, aún es capaz de abrir debates, romper vallas y tener conciencia refrescante más allá de la consola. Lo rancio y conservador suele estar, curiosamente, en los premios rockeros. En los próximos Oscar el gran premio se debatirá entre una historia de amor gay en el Oeste, un recuerdo muy actual de lo que fue la Caza de Brujas, una lectura del conflicto palestino-israelí crítica con ambos bandos, la biografía de uno de los escritores más transgresores y una nada complaciente descripción de la vida en Los Angeles. Y todas ellas son excelentes películas. Así que estupendo. Ahora bien, ¿cómo pueden poner como secundario a Jake Gyllenhaal si es tan protagonista como su pareja Heath Ledger?




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