Hace un mes, se producía un nuevo desencuentro entre los clubes de fútbol guipuzcoanos y la Diputación Foral, después de meses de declaraciones cruzadas, de numerosas cartas al Director y, en definitiva, de una tensión que ha ido creciendo y que tiene como principal víctima al fútbol guipuzcoano. En esta ocasión la discusión la ocasionaba un Torneo celebrado por varios clubes sin el consentimiento de la Diputación que, ante semejante sublevación, no ha encontrado mejor manera que responder con el castigo, ahora en forma de expediente disciplinario.
Se equivoca el Ejecutivo Foral al dar semejante respuesta porque, en primer lugar, los clubes que participaron en el Torneo y que desde hace meses se oponen a su política en el deporte escolar, ellos, no son su enemigo; y en segundo lugar, porque ésta no es una lucha de igual a igual, ya que el Departamento de Relaciones sociales es quien tiene el poder, al menos, el poder de vetar retirando subvenciones y el de sancionar, como ha hecho ahora. Estas palabras, sanción, prohibición, retirada de subvenciones, castigo, en definitiva, amenazas, son desgraciadamente el recurso utilizado últimamente por el Ejecutivo Foral.
Los clubes han rechazado su plan por ser a todas luces intervencionista. Han dicho: «hasta aquí hemos llegado». Leyendo algunos comentarios de los padres y preparadores da la sensación de que estamos ante un régimen totalitario, que utiliza el deporte para presionar en lugar de ayudar y educar. Da la sensación de que no se admite «pero alguno» al modelo deportivo. ¿Faltaría más! ¿Es éste el diálogo resolutivo del que tanto alardean?. Mucho me temo que no. Todo lo contrario. Éste más bien responde a una actitud expeditiva y sancionadora.
No vamos a hablar aquí de las pretensiones de los clubes, porque son de sobra conocidas y porque, además, no nos corresponde a nosotros ejercer de portavoces de nadie, sólo proponer y propiciar un diálogo que se antoja indispensable.
La Diputación defiende la polideportividad como el camino perfecto para conseguir magníficos deportistas tanto en el deporte base como en el de élite. Puede que sea lo mejor, aunque los resultados obtenidos nos demuestran que están equivocados. Y a pesar de ello, nadie duda de sus buenas intenciones. Más preocupante es que les parezca una aberración que el niño pueda elegir el deporte que le guste, y una catástrofe que exista la competición en el deporte escolar aunque la experiencia haya demostrado que sin competición los niños dejarían de practicar disciplinas deportivas.
No nos parece que las propuestas de los clubes persigan explotar a los escolares, nada de eso. Pensamos más bien que, a través del Deporte Escolar, los sectores más jóvenes de la población pueden entender mejor las formas de actuar y de sentir del grupo, de aprender a convivir con las normas y a aceptarlas. Se trata de hacer del Deporte un medio de aprendizaje, de afrontar las victorias y derrotas, de fortalecer la confianza, en definitiva se trata de fomentar una competición sana y formativa.
Nadie, ni el diputado foral de Relaciones Sociales ni los técnicos de su Departamento, tienen el 100% de la razón. Deberían preguntarse por qué Gipuzcoa es el único de los tres territorios en los que está vigente la Ley Vasca del Deporte en el que se han producido desencuentros entre la Diputación y los clubes, y el único en el que se aplican restricciones a éstos. La prueba de que llegar a un consenso es posible ha quedado patente en la actitud de la Diputación de Vizcaya que permite la participación de clubes en la categoría benjamín.
Es hora de que la situación cambie y se llegue pronto a una solución sin que deban intervenir los Tribunales. Existen puntos intermedios, lugares de encuentro entre las pretensiones de unos y las exigencias de otros. No se trata de saltarse las normas, que para algo han sido hechas, ni de imponerlas utilizando el látigo, lo que se tercia es ceder un mínimo en las peticiones de cada parte y no, desde luego, acabar viéndose las caras en los Juzgados porque ya sabemos quienes van a ser perjudicados.
Por otro lado, si como afirma la Diputación existe una negociación no estaría de más que se empezaran a ver los frutos. Con respecto a esto, añadiría una última reflexión para que nadie se llame a engaño. Puede que la actitud de los clubes no sea la más adecuada, que la desobediencia no sea el camino, pero si desde estas líneas emplazamos a la Diputación a buscar soluciones es porque en este tema la principal responsabilidad corresponde a los políticos, que por algo hemos sido elegidos: para tratar de hacer lo mejor para la sociedad guipuzcoana, para resolver problemas, no para generarlos, ni enquistarlos.
Consciente de esta responsabilidad, el Grupo Popular en las Juntas Generales de Gipúzcoa, tratará de que se atienda la petición de los clubes para ser escuchados en el Parlamento Foral aportando, en la medida de lo posible, nuestro granito de arena para que este conflicto, que dura ya demasiado tiempo, entre en vías de solución.