Lo que ante esta estrategia comercial reclaman los estanqueros es que el Gobierno intervenga fijando un precio mínimo por cajetilla. (...) es posible que a mayor precio del tabaco sea menor su consumo, pero nos guste o no sigue siendo un producto lícito y las empresas que lo producen deben competir en libertad. Por mucho rechazo que cause pensar que las tabaqueras bajan el precio pensando en fomentar la adicción de futuros clientes, eso no avala una nueva intervención del Gobierno, más teniendo en cuenta que éste ya cuenta con el arma impositiva.