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Lunes, 30 de enero de 2006
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MUNDO
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Un cementerio de familias e ilusiones
Los supervivientes relatan la tragedia vivida durante tantas horas atrapados entre los escombros del edificio
CHORZOW. Tomek Michalski, un polaco de 30 años, es desde este domingo un superviviente que no olvidará fácilmente a su compañera de trabajo, madre de un bebé de seis meses que, como otras 65 personas, dejó su vida en las ruinas del centro de convenciones de Chorzow, al sur de Polonia. «Se salvó. Tiene las dos piernas y un hombro bloqueados por barras de metal», declaró Alicia, la madre del joven, con la voz aún temblorosa por la angustia de horas pasadas sin noticias de su hijo.

Como todos los años, Tomek había ido a la exposición internacional Paloma 2006 porque trabaja como representante de una empresa de piensos para pájaros. «A su lado estaba una joven, muerta. Intentó salvarla. Era una compañera de trabajo. Deja a un niño de seis meses...», explicó Alicia, sin palabras ante la tragedia que, inesperadamente, sorprendió el sábado a cientos de colombófilos congregados en Chorzow.

Michalski fue uno de los últimos rescatados de entre los escombros del techo derrumbado a causa de la nieve, poco antes de las 21 horas del sábado, cuando los equipos de socorro suspendieron su desesperada búsqueda entre el hierro, la nieve y temperaturas de -15 grados centígrados.

«Tomek pasó cinco horas entre las ruinas del pabellón de exposiciones. Nos llamó desde la ambulancia que lo llevaba al hospital. Fue uno de los últimos salvados. Después, fue el final...», prosiguió su madre. Ahora, el joven descansa en una cama de hospital, sin sentir una pierna pero -como aseguró Alicia-, con la esperanza «de que los médicos intentarán salvársela».

Más o menos entero a Michalski le tocará también superar esas otras heridas menos visibles que Chorzow le ha dejado, como a muchos otros de los supervivientes, aún indecisos sobre si pueden considerarse afortunados por haber salido ilesos de la tragedia.

«Mi amigo ha perdido, prácticamente, a toda su familia, a su mujer, a su hija y a su niño pequeño. Su yerno y su otro hijo están desaparecidos y él lamenta haber salido con vida», explicó con inmensa tristeza un policía de Chorzow.

Frederic Basch, un vendedor holandés de medidores electrónicos de la velocidad de vuelo de las palomas, vio cómo este domingo las autoridades le confirmaban la muerte de su padre y del representante polaco de su empresa.

«Lo vi detrás de mí. Vi cómo los trozos de techo lo atrapaban. Estoy seguro de que está muerto», repitió durante toda la noche del sábado antes de ver su presentimiento confirmado. EP



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