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Lunes, 30 de enero de 2006
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CULTURA
análisis, por RiCardo aldarondo
Enlatados
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El comienzo fue prometedor con la presencia de Antonio Banderas, al que invitan cada año pero casi nunca podía ir. Anoche sí estaba. Pero aunque esa cota de estrellas empezaba alta, la dinámica de la gala no pudo ser más artrítica, con un exceso de batallas del abuelito recopiladas a lo largo de 20 años, que parecían los de un anciano, más que los de un joven galardón. Muchísma palabrería, cantidad de imágenes enlatadas de anteriores ediciones, más de una improvisación sainetera en las presentaciones y la sensación de una entrega rancia, desprovista de imaginación, como de hace, al menos, 20 años.
La aparición de Mercedes Sampietro, presidenta de la Academia, no mejoró la cosa. El discurso de siempre: nosotros lo hacemos muy bien, incluso hemos subido en número de espectadores, pero el cine americano nos come, no nos dejas sitio y la piratería nos roba y ustedes deberían ver más cine español y menos americano y bla, bla, bla. Vale, hay verdad en todo ello, pero la misma cantinela cada año ya resulta cansina.
Y esta vez con un detalle de mala educación: la presidenta ironizó con el abuso de los «gorilas y ogros verdes», ante el mismísimo Banderas, que fue uno de los actores (sólo voz) de la del ogro, Shreck 2, además de trabajar día a día como estrella del cine estadounidense. Poco tacto.
En la era digital se aprovecharon poco las modernas mesas de montaje: las secuencias de películas y extractos de galas de antaño estaban montadas con el viejo sistema de pegar un trozo detrás de otro, nada de montajes ágiles e imaginativos.
Sí fue una buena sorpresa, que los nominados a la mejor película europea estuvieran presentes, aunque enlatados, en unas imágenes de agradecimiento por la nominación, incluído Woody Allen, que resultó ganador. El director de Match Point tuvo ocasión de agradecer la devoción que se le tiene en Europa, y especialmente en España, preparando quizás el camino al rodaje de una próxima película que ha prometido hacer en Barcelona..
Pues sí, fue una lata la gala de los Goya. Después de dos horas y media de gala aún quedaban por dar 15 premios. Menos mal que nos despertó el ánimo el saludo de Woody Allen, la emotividad del equipo de Iluminados por el fuego (que ya se quedaron con el personal en la clausura del Festival de San Sebastián con su recuerdo a los soldados argentinos de las Malvinas), la sonrisa de Micaela Nevárez o la gracia de José Corbacho y Juan Cruz, que aportaron un poco de estímulo a una de las ediciones más insulsas y caóticas de los Goya.




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