La senda descrita por Jesús María Alquézar en Jaizkibel, el litoral, permite a quienes la siguen descubrir a su paso diversas construcciones, entre las que destacan los restos de algunas fortificaciones militares como el fuerte de San Enrique o el de San Telmo. Son una prueba de que «la costa guipuzcoana era en otros tiempos un bastión defensivo».
Tampoco faltan caseríos ilustres. Ese es el caso de Justiz, merendero y casa solariega de leyenda. Sin olvidar el Parador de Turismo, desaparecido a causa de un incendio fortuito, o la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.
Las ruinas de El Molino y los vestigios megalíticos encontrados en el declive de la montaña son otras herencias del pasado que aún hoy pueden contemplarse en las inmediaciones.