Quizá no debería. Todo sea por el CAT, entidad que organiza el festejo y sea por el municipio, que quiere ser destino turístico internacional. Quizá no debería descubrirlo pero hay más incentivos turísticos que el paisaje y la gastronomía. Almudena y Rocío preguntaban a amigas donostiarras por la fiesta. ¿Tambores y tambores? ¿Nada más?
- Ay, cantidad de tambores, sí. Y hombres, muchos hombres. Más hombres de los que habéis visto nunca juntos. Tropas de hombres uniformados, marciales, bien comidos y bebidos, porrón de chicos luciéndose por las calles... Ese día -describían las de aquí- desfilan sin novias ni amantes, en alegre camaradería. ¿Las aguadoras? Son novias y esposas, pero de otros.
Almudena y Rocío se plantan en el Bule aprovechando el finde. Sería superfuerte decir que buscan turismo sexual pero está claro que quieren conocer mocetones del Norte con inclinaciones napoleónicas y tíos chulos disfrazados de cocineros. Frustración total. Sarriegui y el propio patrono San Sebastián velan por nuestras familias porque las chicas descubren que lo que más le pone a un tamborrero es su tambor. «Ni caso, pero ni caso... Saludan a su mamá y al colega. Beben y tamborrean pero no se descolocan ni por ésas».
«¿Quién es ese hombre / que me mira y me desnuda?/ Una fiera inquieta / que me hace temblar pero me hace sentir mujer». No, nada que ver; esos gavilanes son de las hermanas Elizondo (vascas evolucionadas) y ésa es otra pasión.