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Domingo, 22 de enero de 2006
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SAN SEBASTIÁN
SAN SEBASTIAN
San Vicente
1507... Se aprobó la construcción de la actual iglesia de San Vicente, encargándose la obra al maestro arquitecto Miguel de Santa Celay y Juan de Urrutia. ... 2006 Más allá de sus aspectos espirituales y religiosos, San Vicente sigue siendo punto de referencia para una determinada cultura donostiarra.
Su recuerdo es hoy motivo de fiestas, recuerdos y evocaciones pero en su tiempo, sin duda, fueron como un dolor de muelas para el emperador Diocleciano. En el centro del Imperio, en la mismísima Roma, Sebastián, el santo, vistiendo uniforme militar, se enfrentaba a todo su poder defendiendo a la Iglesia Católica y más allá del Mediterráneo, en la Hispania, esta vez vistiendo hábitos religiosos, Vicente, el también santo, por el mismo motivo hacía la vida imposible a los responsables de sus legiones.

Sebastián (256-288) había sido nombrado jefe de la primera cohorte de la guardia del emperador y perdida su confianza fue ordenado primero que le asaetearan y luego que le apalearan y decapitaran. El diácono Vicente que sustituía en Zaragoza al obispo Valero, también santo, fue detenido en el año 304, llevado hasta Valencia a presencia de Daciano y una vez martirizado su cuerpo arrojado al mar.

Celebramos a San Sebastián el 20 de enero y a San Vicente el día 22, siendo de todos conocida la devoción que por el primero existió en nuestra ciudad, sobretodo por tratarse de un santo protector de las epidemias.

Cuentan algunos historiadores que a comienzos del siglo XII la sequía en torno al Adour produjo la desbandada del personal y otros que fueron las guerras habidas como consecuencia del matrimonio entre doña Leonor y el rey de Inglaterra Enrique de Plantagenet, no faltando quienes achacan lo ocurrido al «efecto llamada» del rey de Navarra, Sancho el Sabio, quien falto de mano de obra para atender los astilleros y demás trabajos ofreció jugosas compensaciones a quienes llegaran con ánimo de trabajar.

Fue lo cierto que, por uno u otro motivo, numerosos gascones llegaron hasta San Sebastián y pocos habitantes debía de haber entonces en torno a la ya considerada antigua iglesia dedicada al santo cuando, al parecer, ni siquiera se habían preocupado de bautizar a los valles, montes y colinas que rodeaban el lugar. Correspondió a los «llegados de fuera», a los gascones, introducir en la vida de los hoy donostiarras los nombres, por ejemplo, de Igueldo, Morlans, Montpas, Miramar, Ulia...

Allá en la lejanía, al otro lado del arenal visto desde el Antiguo, al parecer unos pocos habitantes se dedicaban a la pesca ocupando sus viviendas escasa superficie de terreno junto a nuestro actual puerto, por lo que los recién llegados decidieron ubicarse en el espacio que quedaba libre. Así, levantaron sus casas en la parte oriental y junto a ellas, para diferenciarse de los nativos que ya se reunían junto a la iglesia de Santa María, un templo bajo la advocación del santo al que veneraban: San Vicente, aunque no faltan cronistas que originariamente se refieren al mismo como dedicado al Salvador. .



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