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Domingo, 22 de enero de 2006
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BIDASOA
CARLOS DE AGUSTÍN PROFESOR Y FILÓSOFO
«Siempre hay un niño dispuesto a decir que el emperador está desnudo»
Los cuentos clásicos nos enseñan muchas cosas. Detrás de ellos, hay una filosofía moral aplicable a cualquier época y circunstancia. Carlos de Agustín los analiza
El periodista, profesor y filósofo Carlos de Agustín, en la Biblioteca Municipal Ikust Alaia. [F. DE LA HERA]
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El traje nuevo del emperador y Hansel y Gretel, dos cuentos que todos llevamos en la memoria, son los relatos que Carlos de Agustín ha desentrañado estos días en su seminario literario de Ikust Alaia. Este periodista, profesor y filósofo, que lleva una década analizando autores en la Biblioteca de Irún, encuentra en Hans Christian Andersen y los hermanos Grimm lecciones de filosofía moral muy necesarias en el tiempo político que vivimos.

- El primer cuento tratado en su seminario ha sido 'El traje nuevo del Emperador'. ¿Hay alguna razón especial en esta elección?

- Es mi cuento favorito. La idea del autor es que la realidad está condicionada, impuesta. Por un lado, ese es el gran drama. Por otro, está la esperanza del niño. Siempre hay un niño dispuesto a decir que el emperador está desnudo. Esta filosofía conduce desde el anarquismo más radical hasta el liberalismo total. Es un cuento muy libertario. Igual que lo es el maravilloso icono de Mary Poppins, que es la obra, en apariencia para niños, más desmitificadora del capital y del estado que se ha escrito jamás.

- Volvamos al emperador y su traje. En estos tiempos, tenemos acceso a una cantidad ingente de información con la que poder conformar nuestra propia realidad. Sin embargo, es más fácil que nunca vender un traje que no existe.

- Por eso, los niños tienen el deber de estar siempre con el dedo levantado. Hoy, las galas del emperador son de gran riqueza y los intermediarios, los sastres del cuento, muy potentes. Pero siempre queda una capacidad crítica, aunque sea débil, para mantener la realidad con dignidad.

- ¿Y cuál es la realidad?

- No lo sé, ni quiero saberlo. Lo que sé es que el traje del emperador no es real. Y también sé que los cómplices que quieren hacer ver que el emperador lleva las mejores galas, son ruines. Aunque no sepamos cuál es la realidad, tenemos que poner en tela de juicio la que se nos presenta.

- Pasemos al segundo cuento de su seminario, Hansel y Gretel.

- La lectura que hago de este cuento es que, aparte de las situaciones de despropósito y desventura que uno puede encontrar en la realidad, también hay una parte de lucimiento individual en la que el individuo, con la voluntad, se hace fuerte. No hay que ser ingenuo, porque hay veces que la circunstancia es tan adversa que mata la voluntad. Pero uno tiene esa gran fortaleza: la resistencia activa al drama que se avecina. Luego, hay otra cosa que me interesa mucho de este cuento: es un cuento que resalta el perdón y la piedad. Cuando los niños escapan de su desventura, vuelven a casa y perdonan la debilidad del padre. En los próximos tiempos que nos va a tocar vivir en nuestra realidad, el perdón y la piedad van a ser dos términos que van a resonar mucho.

- ¿Se está refiriendo al problema vasco?

- Sí. Yo no creo en el perdón, porque en el perdón hay un orgullo implícito que lo impide, pero creo en la piedad, porque es una prolongación del propio 'yo' en su debilidad. Es una parte nuestra más humilde que posibilita, si no la reconciliación, sí la aceptación del otro en lo que es. Tú no puedes plantear el perdón a las víctimas del terrorismo. En eso, estoy de acuerdo con ellas. Sin embargo, la piedad, puede hacer más mella a la larga. Hay una película maravillosa de Sam Peckinpah, La balada de Cable Hogue, que es una metáfora perfecta del perdón y la piedad. El protagonista, pudiendo ejercer la venganza y la humillación a quienes le han dejado maltrecho, ejerce el perdón y la piedad. Ójala pudiéramos tener esos sentimientos, en lugar de la venganza y el odio, que son igual de legítimos. No es una moralina. Es un análisis reflexivo de lo que nos viene. Estamos hablando de este año y de 2007 como un comienzo de transformación de nuestras pasiones, nos guste o no nos guste.

- ¿En nuestra circunstancia actual, hay algún niño que advierta que el emperador va desnudo?

- Hay una especie de conciencia moral, de despertar de un cierto letargo, que yo veo en la formación ciudadana Aldaketa. A mi juicio, plantea una nueva filosofía moral, muy importante en la política de hoy, porque sin filosofía moral es difícil descifrar la realidad y darle un sentido. Yo diría que la figura de Joseba Arregi puede representar al niño del cuento. Le veo como el niño grande que se lo sabe y que no ha tenido más remedio que gritar: ¿El emperador está desnudo! En un tiempo, quizá tuvo la necesidad de decir que había un traje relativamente bonito. Pero los cuentos tienen un fin. Y el cuento de una realidad que, en muchos aspectos nos sobrepasa y que es dramática, hace que gente con cierto grado de coraje ético o, por lo menos, de filosofía moral, tenga el valor de decir que el emperador no lleva ningún traje.



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