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Sábado, 21 de enero de 2006
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MUNDO
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Suníes en la Cámara
Nadie podrá decir que no hay ahora un Parlamento elegido y bien elegido en Irak ni que se ha producido fraude: los suníes, en dos listas, obtienen 55 escaños que resultan ser exactamente la quinta parte de la población, como los suníes son también el 20% de la población. Han bajado los kurdos y los chiíes que, con la Alianza Unificada Iraquí, son, como estaba previsto, los grandes ganadores, como lo fueron ya en enero del año pasado.

Los kurdos han perdido más de lo previsto porque eran directamente beneficiarios de la masiva abstención suní en las provincias del centro y el oeste. Ellos son suníes en un buen 80%, pero laicos e interesados sólo en mantener su situación de independencia de facto en el norte, a la que se han acomodado desde hace más de una década. Su respaldo al proceso institucional y político en curso es táctico: no pueden proclamar la independencia por razones de contexto regional, oportunidad política y necesidades estratégicas de Washington.

Con los suníes dentro del Parlamento, una lista árabe mestiza y laica, la del ex primer ministro Iyad Alaui (25 escaños) disponible y las minorías cristiana y turca también representadas, la nueva cámara representa con una rara perfección el país-mosaico que es el Irak, incapaz de nuevo de abandonar la democracia identitaria, al modo libanés.

La pregunta es ahora elemental: ¿la insurgencia suní atenderá a la nueva realidad y se avendrá a creer que ya no está perseguida? El pronóstico es que los dirigentes de peso, Mutlak, Dulaimi y algún otro, harán un gran esfuerzo en ese sentido, reforzados por el buen resultado de la comunidad y la disciplina mostrada a la hora de votar, pero nadie garantiza que la violencia vaya a bajar rápidamente.

Y no sólo porque en gran parte es obra de Al-Qaida, suní pero terrorista y cercana al internacionalismo de la Yihad, sino porque la comunidad entiende reforzar y mejorar su condición y espera promesas de nueva reforma constitucional que tendrían que ver también con la proscripción del Baas y la normalización subsiguiente que los chiíes conservadores que han ganado no aceptan.

El hombre clave de éstos últimos, el ayatolah Abdelaziz al-Hakim, jefe de la Asamblea de la Revolución Islámica en Irak, ha sido categórico y pesimista al respecto. No habrá fin de la violencia porque los suníes no quieren que la haya.



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