Las principales escuelas (clubes) de samba de Río de Janeiro, protagonistas del que es considerado mayor espectáculo del mundo al aire libre, comienzan a ocupar la Ciudad de la Samba, una zona que prolongará la vida del Carnaval carioca todo el año. La ciudadela, en plena zona portuaria de Río de Janeiro y con 78.000 metros cuadrados, dejará sin sentido la famosa letra de una canción de Tom Jobim y Vinicius de Moraes según la cual «la tristeza no tiene fin y la felicidad sí», porque acaba el Miércoles de Ceniza tras los cuatro días de baile, fiesta y música del Carnaval. Las galerías, el museo, los salones de baile y espectáculos, las tiendas, los bares y los restaurantes de la Ciudad de la Samba permitirán que el reinado de Momo prosiga después del Miércoles de Ceniza y que cualquiera pueda, en cualquier momento del año, visitar la cuna de las composiciones, los disfraces, las alegorías y las carrozas del carnaval del año siguiente.
Todo el año
«El turista que llegue a Río de Janeiro va a encontrar un espacio con ambiente de Carnaval todo el año. Tendremos una plaza en la que organizaremos espectáculos periódicamente y una pasarela que permitirá ver todo nuestro trabajo», afirmóel director cultural de la Liga de las Escuelas de Samba, Hiram Araújo. La ciudadela es una iniciativa de la Alcaldía de Río de Janeiro, que ha invertido hasta ahora 102,6 millones de reales (unos 44,6 millones de dólares) en la infraestructura para este complejo artístico, cultural y turístico. Como una especie de parque de diversiones temático, la Ciudad de la Samba tendrá espacios para espectáculos y exposiciones, tiendas para la venta de productos de carnaval, restaurantes y bares, amplias plazas, una pasarela desde la que se podrá ver todo el conjunto, estacionamientos y enfermería, entre otros.
La alcaldía construyó en el lugar catorce gigantescos galpones que se convertirán en la sede, los talleres y el lugar de ensayos de las escuelas de samba que forman parte del llamado Grupo Especial, una especie de primera división entre los gremios que cada año disputan el título de mejor escuela del Carnaval de Río de Janeiro. Estos catorce grupos, en presentaciones de hasta 6.000 personas, entre músicos, bailarines, coreógrafos y ayudantes, protagonizan entre el domingo y el martes de cada Carnaval el llamado Desfile de las Escuelas de Samba del Grupo Especial.
El desfile, una especie de competencia que llena de turistas el Sambódromo, una avenida rodeada de graderíos y diseñada por el arquitecto Oscar Niemeyer, es el acontecimiento más llamativo del Carnaval de Río de Janeiro.
«La Ciudad del Samba será tan importante para el Carnaval como en su época lo fue la construcción del Sambódromo. Mientras que el Sambódromo le dio libertad financiera a las escuelas, la Ciudad del Samba, con sus gigantescos galpones, nos dará libertad para la creación artística», aseguró el dirigente de la liga que agrupa a las escuelas de samba. Según Araújo, hasta ahora las escuelas de samba trabajan en forma aislada en precarios y pequeños galpones, en donde son compuestos los sambas que cada año animan el Sambódromo, fabricados los disfraces, carruajes y alegorías de cada desfile, y ensayadas las presentaciones. «Era difícil montar una carroza entera en esos galpones y estábamos obligados a tener talleres y patios en diferentes lugares. Ahora tendremos modernas fábricas y espacio suficiente».