El arquitecto Iñaki Galarraga, que completa con Joxean Muñoz y Santi Eraso el equipo directivo del proyecto Tabacalera, asegura en esta entrevista que las actividades desarrolladas en la antigua fábrica desde su cierre han contribuido a su conservación y se muestra convencido de que el edificio no requerirá grandes reformas.
- ¿Cómo ha ido la primera reunión del nuevo equipo directivo?
- Bien, son reuniones de toma de temperatura. Nosotros ya nos conocíamos y a partir de ahora, además de trabajar juntos, somos amigos. El martes tuvimos una reunión para desgranar los primeros pasos a dar.
- ¿Y cuáles van a ser?
- Por mi parte, claramente, conocer el edificio, hacer planos, medir, ver cómo anda de humedades y todas esas cosas que parecen poco importantes, pero son las que más definen. Por parte del equipo, lógicamente, debemos ponderar y evaluar todo lo que se ha trabajado hasta ahora, que es bastante. Estamos en la puesta a cero de nuestro momento y debemos empezar a proponer las primeras vías en las que nos moveríamos. Hay varios informes, hay trabajo valioso y mucha gente que ha ido aportando sus criterios y lógicamente, vamos a hacer el camino inverso: empezaremos por el informe de Bearing Point y acabaremos con el de Bartomeu Marí, pasando por todos los anexos. Todos estos informes tienen una complicación terminológica. Debemos ponernos de acuerdo sobre las palabras y a ver si donde hay cien páginas, podemos condensarlo en cinco.
- ¿Cómo ha vivido estos meses de incertidumbre?
- Pues mirando, con paciencia, entre otras cosas, porque no me cabía otra opción. Tampoco han sido unos meses de zozobra. Hace unos cinco meses que vengo diciendo que los rumores de Tabacalera eran ciertos. Es muy difícil concretar estas cosas. He colaborado con José Miguel Ayerza para preparar los borradores. He aprovechado para poner en paralelo este edificio con otras experiencias.
- ¿Por ejemplo?
- En París, estuve visitando el contrapunto que va desde el Palais Tokyo -que es el informal y el palacio de la contemporaneidad- y el Centro Pompidou, con cuyo primer director me une una gran amistad. En Barcelona, visité el Centro de Cultura Contemporánea, dirigido por Josep Ramoneda, y a los arquitectos que hicieron la obra. También he aprovechado para conocer a los arquitectos que están en el mundo de la cultura y de la imagen.
- ¿Van a servir de inspiración al equipo directivo de Tabacalera estos centros que ha mencionado?
- La palabra inspiración causa respeto. Evidentemente, algo de todos ellos tendrá Tabacalera porque lo contrario hubiera sido descubrir el Mediterráneo. Lo que nosotros queremos es buscar nuestro lugar porque San Sebastián no tiene 2,5 millones de habitantes, toda la comunidad autónoma no es Cataluña y ya no digamos París. Si en el siglo XIX nuestro Napoléon hubiera traído los monumentos egipcios estaríamos hablando ahora de la Biblioteca Nacional, el Louvre o la francofonía. Lógicamente, el mundo está cada día más globalizado, la cultura también, con su peligro, va hacia unos parámetros unitarios. Nuestro reto es buscar el sitio adecuado y recurriendo al ejemplo de los Juegos Olímpicos, le diría que queremos buscar unas regatas buenas.
- ¿Conoce bien el edificio?
- No lo conozco bien, ni creo que lo conozca nadie, incluido el jefe de mantenimiento de Tabacalera, porque conocer un edificio es muy difícil. Que cada uno mire su casa y se pregunta qué conoce de ella. A partir de ahí, ya hemos dicho que es grande. Cada tubo lleva una cosa de un sitio a otro. ¿Todo? Todo no lo conoceremos ni en veinte años, pero espero que en un período corto conozcamos los datos principales para poder tomar decisiones. El edificio es una de las apoyaturas de este proyecto. Con esto no quiero decir que tengamos que llenar un edificio, sino que dialogando con él vamos a hacer un proyecto cultural. Como todo edificio admite transformaciones y las que se hagan no serán como para cambiarle el carácter, pero sí como para marcar aquellos matices que harán que pase de ser una fábrica de principios del siglo XX a una factoría de arte del siglo XXI.
- ¿Es correcto el dato de 32.000 metros cuadrados de superficie que se está dando?
- No. La superficie es menor. Hay muchas formas de medir. Vamos a dejarlo en unos 28.000 metros cuadrados, y sigue siendo enorme. En esto hay que hablar con cierta prudencia para no confundir a la opinión pública. Este edificio tiene unos muros lo suficientemente gruesos como para que la dimensión sea grande. Hay edificios semejantes, como la Fábrica de Tabacos de Sevilla o la de La Coruña, un edificio muy semejante a éste, aunque también más disperso. Son edificios muy neutros, bien construidos y con unas proporciones generales que dan un juego extraordinario. Creo que es importante no perder el tiempo -y no se ha perdido hasta ahora- y dar pasos en firme hacia una dirección.
- ¿Cree que habrá que reformar la estructura o la distribución interior del edificio?
- No, entendiendo por estructura la fábrica de piedra. Y en cuanto a la distribución, es muy difícil que se acometa. Mucho me temo que no haya nacido el artista que nos convezca de que es necesario poner esto patas arriba.
- ¿Han hecho mella los años transcurridos desde que cerró la fábrica?
- No, porque aquí ha habido otra cualidad del consejo y de Ayerza. Tengo una máxima: un edificio soporta mucho mejor un uso vandálico que un desuso. Aquí el uso ha sido muy correcto y muy aproximado a lo que va a ser. Un edificio sufre cuando se vacía. Hubiera preferido que se organizaran carreras de motos antes que dejarlo quieto, pero con unas exposiciones fotográficas magníficas, con una exposiciones y presentaciones de prensa o fiestas como la de DV, es un uso correcto. Los edificios, como las personas, necesitan cariño y aproximación. Para dictar la ruina de un edificio, no hay como dejarlo abandonado.
- ¿Tiene ya en mente alguna firma de arquitectos?
- Tenemos que aproximarnos mucho al tipo de intervención que queremos. Calculo que en un año estaremos pisando en firme, que a lo mejor es hacer poquitas cosas. Por otra parte, hablar del edificio es hablar de su entorno. Por delante tenemos una fachada maravillosa que da a un barrio vivo como Egia, detrás tenemos una fachada extraña que nos une al ferrocarril, el cordón umbilical de Gipuzkoa, y justo por encima de la vía, tenemos uno de los ensanches más maravillosos de la arquitectura española. Armonizar esas tres variables es uno de los primeros enfoques a realizar. De ahí, surgirán una serie de puntos.
- ¿Qué límites tiene en su tarea?
- La libertad total no existe y sería peligrosísima. Los límites serán los correctos en una sociedad culta, como la donostiarra, y con un consejo de administración que está adivinando hacia dónde vamos todos. Lógicamente, el equipo directivo necesitamos de controles y autocontroles y la libertad absoluta en arquitectura es perniciosa. Unas líneas bien delimitadas son necesarias y aquí, por fortuna, nos las da la fábrica de piedra.
- ¿Qué le parece la distribución por plantas que recoge el informe de Bearing Point?
- És una aproximación a un organigrama. Un gran edificio, y Tabacalera lo es, no tiene una distribución cerrada, sino que ésta se va a haciendo con el uso. Eso es lo que queremos.
- Entonces, ¿está superado?
- Es un parámetro de partida. Hay aspectos que no son acertados y otros que sí lo son. No vale desmontar el informe frase por frase, sino que hay que cogerlo en todo su armazón. Dentro de ese armazón, hay puntos amplia y fácilmente superables.