Eh, ¿qué?». Hasta la segunda vez que me lo repitió no llegué a comprender a aquel hombre que estaba preguntándome sencillamente si yo iba a comer más pan, si él podía coger el que había dejado a medias sobre la bandeja de la comida en el self-service del campus de Ibaeta.
Entre universitarios y en un entorno monopolizado por cierta clase social, no estamos acostumbrados a ese tipo de preguntas, a descubrir que un señor había pedido sólo un plato del menú, que en la mesa de al lado deglutía con fruición, que iba a completarlo con lo que a otros nos sobraba. No, los donostiarras no estamos acostumbrados a que nos pidan pan.