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Miércoles, 18 de enero de 2006
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«Cuido mi parra como si fuera de oro»
«Me alegra enormemente recibir este galardón, porque supone una unión más entre este pueblo, Getaria, y el mío, Hondarribia. Son los dos pueblos con más restaurantes por habitante y están desde hace mucho relacionados por el txakoli, pues esta bebida se elabora con uvas de dos variedades, que se llaman Hondarrabi zuri y Hondarrabi beltza», dijo ayer el comentarista gastronómico de DV Juan José Lapitz, al recibir la escultura que le reconoce como Mahasti Jaun o persona que se ha destacado en la promoción de este vino.

Junto con Lapitz, recibió el galardón la cocinera Tatus Fombellida, que se expresó así al recoger la distinción, en medio de una gran alegría: «¿Aúpa! Yo soy la primera mujer que recoge este galardón, pero tenéis que venir otras muchas detrás. Yo diría a los restauradores que no tengan una sola marca de txakoli en el restaurante». Luego, ya lejos del micrófono, cuando atendió a los periodistas, comentó que en su restaurante Panier Fleuri solía tener en la bodega entre tres y cinco marcas disponibles, «porque no todos los txakolis son iguales». Tatus regentó ese restaurante entre 1984 y 2003.

No se conoce la razón por la que las dos variedades de uva que se utilizan en la elaboración del txakoli llevan el nombre de ese pueblo guipuzcoano, pero el tema interesa a Lapitz: «Yo tengo mi teoría, eso sí, sin grandes pruebas. Está documentado que antiguamente los viñedos ocupaban en Gipuzkoa mucho más territorio que el actual y yo creo que habría bastantes en Hondarribia. La toponimia nos invita a pensar así. Hay un caserío que se llama Masti, y una regata de nombre Mastiko Erreka. Luego, cuando llegó la enfermedad de la filoxera, se arrancaron las cepas de muchos pueblos, y también las de Hondarribia, pienso yo. Tengo una anécdota bonita en torno a la vid: mi abuelo materno, que no era de Hondarribia, a principios del siglo XX construyó una casa en las murallas de esta villa. Luego la he heredado yo, y junto a la casa, desde las piedras de la muralla surge una parra de uva moscatel, anterior a mi abuelo. La cuido como si fuera de oro».



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