El buscador de conchas no entiende de nada, pero menos aún de flores y plantas. Asiste con asombro a las complejas relaciones entre el mundo vegetal y el humano en la ciudad de Donostia-San Sebastián.
El ignorante buscador de conchas no comprende por qué en los balcones de la cuesta de Jai-alai cubren las flores de las jardineras con feos plásticos, cuál es la razón de que en pleno Boulevard se planten coliflores en línea -el buscador ya sabe que, aunque parezcan coliflores y la gente les llame coliflores, no lo son en realidad- ni por qué están tan pelados los jardines de la plaza Zaragoza, en los que, eso sí, no faltan coliflores.