Conocerse o no conocerse. Saludarse o no saludarse. Las calles donostiarras son el tablero de ajedrez de nuestras complejas relaciones sociales. Una mujer sonriente tira de mi manga en Ategorrieta: «¿Hasta luego!».
Le respondo «hasta luego» pensando que podría conocerle, pero no le reconozco. Nos quedamos mirándonos un momento y me animo a decirle: «Chica, no te acabo de ubicar». Ella también duda: «Tú eres Javier, ¿no?». «Pues no». «Ay, como siempre me dice que no le saludo...». Mejor saludar de más que de menos en esta ciudad en la que todos nos conocemos, en la que nadie nos conocemos.