ROMA. DV. A los pocos meses de la muerte de Juan Pablo II, regresa el hombre que quiso matarle hace casi 25 años y que habría cambiado la historia si lo hubiera conseguido. El terrorista turco Mehmet Ali Agca, que cumplirá 48 años el próximo jueves, ha pasado más de la mitad de su vida en prisión, pero sale de ella hoy sin haber contado nunca la verdad sobre lo sucedido. No porque no haya hablado, sino porque ha dado tantas versiones de uno de los grandes intentos de magnicidio del siglo XX que el misterio sigue en pie. Según ha anunciado su abogado, hoy abandona la prisión de máxima seguridad de Kartal Maltepe, en Estambul, tras cumplir las penas que tenía pendientes en Turquía. Luego se dirigirá a un cuartel, pues quizá deba cumplir todavía el servicio militar, obligatorio en su país y que nunca ha realizado.
Agca pasó 19 años en cuatro cárceles italianas, los diez primeros en régimen de aislamiento, y tras recibir la gracia fue extraditado en 2000 a su país. Allí le esperaba una cadena perpetua, luego conmutada en una pena de diez años, y luego de cinco, por el asesinato del director del diario liberal Milliyat (La Nación) en 1979. Curiosamente, es en este mismo centro penitenciario donde empieza el misterio de Ali Agca: en él fue encarcelado en 1979 por aquel homicidio y el 25 de noviembre se fugó de forma sorprendente. Desde entonces se le pierde la pista hasta el 13 de mayo de 1981, el día que dispara a Juan Pablo II en la plaza de San Pedro.
¿Dónde estuvo y a quién encontró Agca durante ese año y medio? Aquí está la clave del atentado, pero no es fácil de descifrar. Las tres investigaciones abiertas en Italia para desentrañar la génesis del atentado sólo han concluido que detrás hubo una trama y Agca no actuó sólo, pero nada más.
Este joven turco de 23 años militaba entonces en los Lobos Grises, una organización de extrema derecha, brazo del partido de Acción Nacional (MHP), fundado por un ex militar y que propugnaba la unión de los pueblos turcomanos.
En realidad, Agca nació en una cabaña sin luz ni agua de un mísero pueblo de Anatolia y de niño malvivía recogiendo restos de carbón en las estaciones. Que recalara en un movimiento radical no es raro, pero demostró ser capaz de cumplir órdenes para cometer un asesinato y tras su misteriosa evasión entró en otra esfera. Los Lobos Grises tenían conexiones con las mafias turcas y el mundo de los servicios secretos.
Sea quien fuera quien le ayudara a fugarse de la cárcel, el caso es que poco después Agca aparece en Bulgaria viviendo con todo lujo en el famoso hotel Vitosha de Sofía, centro de paso de la burocracia soviética. Luego se movió por la República Federal Alemana, Italia, Suiza, Túnez y España.
Vacaciones en Mallorca
Agca viajó a Palma de Mallorca entre el 24 y el 25 de abril de 1981 y regresó a Roma el 9 de mayo para cometer el atentado, es decir estuvo dos semanas de vacaciones en la isla balear antes de empuñar la pistola. Según ha contado en el libro Mi verdad, escrito en 1996, estuvo reflexionando si ir a matar al Papa o suicidarse. Su conclusión es de todos conocida.
Según estableció el proceso, fue en Suiza donde le fue entregada la pistola que usó en San Pedro. La había comprado en Austria un tal Orak Celik, otro miembro de los Lobos Grises del que se sospecha que también estaba en el Vaticano el día del atentado, como segundo terrorista. Así lo apunta el recuento de las balas y él podría ser el hombre de la misteriosa foto que muestra a alguien huyendo con una pistola. Celik sigue vivo y en la actualidad está en paradero desconocido.
Una vez en prisión, Agca ha experimentado una larga transformación. Ya tiene los cabellos blancos, su mirada sigue siendo dura, pero su rostro denota un infinito cansancio. En la cárcel ha aprendido tres idiomas, ha frecuentado la biblioteca y se ha hecho vegetariano. Empezó siendo muy arrogante, pero tras el encuentro con Juan Pablo II en 1983 se volvió casi místico, obsesionado por el misterio de Fátima. Luego empezó el baile de versiones.
Arrancó en 1983 con la famosa pista búlgara, la implicación de los servicios secretos de Sofía y la KGB, que en realidad sigue siendo la más creíble y llevó a varias detenciones. Al final, defendió que actuó en solitario y se imbuyó cada vez más de un aura iluminada, que en un tipo tan listo como parece ser Agca puede ser perfectamente la mejor forma de no tener que dar explicaciones.