SAN SEBASTIÁN. DV. Cualquier mejora del proceso educativo tiene un paso previo, que es el de dedicar más atención al profesorado, al que cada vez se le exigen más competencias profesionales y cuyo reconocimiento social no va en paralelo. Esta es una de las premisas que refiere Francesc Raventós en el estudio comparado sobre diversos sistemas educativos en Europa.
El desprestigio social de los docentes en España y otros países, no en todos, es un lastre que condiciona cualquier reforma educativa. De hecho, Raventós advierte que si no se reconstruye la imagen social de los profesores «existe el peligro de desprofesionalizar la labor del docente y que se presente cada vez más como un 'operario' de la enseñanza, un empleado con sueldo bajo, considerado a veces por la Administración como un obstáculo a sus deseos y proyectos».
Según explicó ayer Joaquim Prats, coautor del estudio, pese a tener un salario que se sitúa en la franja alta europea, los profesores españoles sufren «malestar docente», es decir, entienden que su trabajo está poco reconocido y sus condiciones laborales no son las idóneas.
Salario descendente
A pesar de cobrar menos, los profesores holandeses o finlandeses no padecen esa situación de «malestar», ya que entienden que cuentan con el suficiente reconocimiento social a su labor.
No obstante, Prats precisó que en España el sueldo medio de inicio de un profesor es alto, mientras que el de salida, cuando causa baja o se jubila, es bajo en comparación con la media europea, donde existe una mayor progresión.
El descrédito de los profesores es sólo aparente o cuando menos contradictorio con las responsabilidades que se les atribuyen, que no cesan de crecer en la misma proporción en que disminuyen las que antaño, al menos, se adjudicaban al entorno familiar y social.
Raventós enumera una abrumadora «lista de competencias» que se atribuyen al perfil deseado de un docente. Entre otras: que sea polivalente, competente, que ayude a cambiar, que sea reflexivo, investigador, intelectual, crítico y transformador. Además, que domine los contenidos, provoque aprendizajes, interprete y aplique el currículum, seleccione los contenidos y las metodologías más adecuados a cada contexto y a cada gru-po, comprenda la cultura y la realidad local, desarrolle una educación inter-cultural educando en el diálogo y relacionando la teoría con la praxis.
Malacostumbrados
A este catálogo también habría que añadir el dominio de las nuevas tecnologías, el adiestramiento en las implicaciones de la inmigración y la atención a la diversidad; que eduque en la interdisciplinariedad, en la diversidad y en el trabajo en equipo, y que sepa detectar a tiempo los problemas afectivos, sociales, de salud y de aprendizaje de los alumnos.
Raventós denuncia que no es coherente «malacostumbrar a los hijos y simultáneamente solicitar al profesorado que los transforme y los rectifique para que sean unos buenos individuos, correctamente socializados». Y cuando no se logra formar a una persona tolerante, disciplinada y perseverante, «adjudicar y distribuir la culpabilidad entre la escuela y la televisión».