diariovasco.com
Miércoles, 11 de enero de 2006
 Webmail    Alertas   Boletines     Página de inicio
PORTADA GIPUZKOA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

SAN SEBASTIÁN
SAN SEBASTIAN
Adaptarse a la sociedad
La decisión tomada por la Sociedad Gaztelubide en el sentido de aceptar la participación de mujeres en su Tamborrada, más allá de lo que pueda suponer para la historia de la propia Sociedad, ratifica mi opinión sobre uno de los grandes éxitos de la fiesta: su capacidad para, en cada caso, adaptarse a la demanda de la sociedad, es decir, de los donostiarras.

Si la Tamborrada hubiera permanecido fiel a sus orígenes, no es difícil suponer que poco de ella habría llegado hasta nosotros, abortada por la evolución del pueblo. Un rápido repaso a la historia de la fiesta nos indica que tan sólo el nombre permanece intacto, habiéndose modificado absolutamente todo cuanto la caracteriza.

La fiesta, que comenzó tocando latas y barriles, más tarde incorporó los tambores. La fiesta, que fue la primera comparsa del Carnaval de San Sebastián, adquirió tal personalidad que en nuestros días está mal visto el confundirla con actividades carnavaleras, recordándose siempre el matiz de que en Carnaval «nos disfrazamos», mientras que en la Tamborrada «nos vestimos». De ahí que, cuando en 1923 se prohibió el Carnaval, a nadie se le ocurrió prohibir la Tamborrada porque ya había adquirido personalidad propia.

La fiesta, que en sus primeras ediciones fue diana anunciadora de los bueyes ensogados, en la actualidad ni es diana ni anuncia la sokamuturra en la plaza de la Constitución, prodigando su salida, como es conocido, a todas las horas del día.

También sus responsables supieron evolucionar cuando la figura de Sarriegui hizo presencia en el programa, componiendo las piezas de todos conocidas que sustituyeron al primitivo Iriyarena, a la primitiva Marcha de San Sebastián y a las músicas como 'Urrapapito' que tanto juego dieron en el siglo XIX.

Alguien, en el último tercio del citado siglo incorporó a la Tamborrada los uniformes militares y ante la evidencia de disponer de un nuevo vestuario, quedó en el recuerdo la hasta entonces costumbre de vestir a los tamborreros «con el disfraz que mas les gustara».

Podríamos dedicar amplio espacio a seguir comentando variaciones que nuestra Tamborrada ha tenido a lo largo de los últimos siglos, siempre como consecuencia de los nuevos pensamientos que sobre ella tenían en cada momento los donostiarras, gracias a las cuales, es mi opinión, la Tamborrada no sólo ha superado tan largo período de tiempo sino que ha llegado hasta nosotros con la frescura de lo permanentemente renovado. ¿Qué hubiera sido de nuestra 'víspera de San Sebastián' si alguien, un día, no hubiera tomado la decisión de no cumplir el severo ayuno que durante 300 años caracterizaba dicha jornada?

Valga todo lo dicho para, volviendo al principio, reconocer que la decisión de Gaztelubide, ha sido, un paso más en la conservación de nuestra siempre actualizada Tamborrada.



Vocento
Monitor de tráfico Bidegi Canal Meteo Webcam