Ver una película como King Kong te puede dejar frío. Incluso muy frío. Hasta con los pies helados, si eliges los cines Warner la noche del último domingo.
No puedes negar que te avisan. La taquillera lo advierte antes de pagar: «No funciona la calefacción de la sala». Ahí, con las reacciones a ese inquietante aviso, puedes empezar un estudio sociológico sobre las actitudes de los espectadores. Los que no queremos quedarnos colgados y estamos predispuestos a que nos engañen: «¿Pero hace mucho frío o sólo un poquito?». Los científicos: «¿Qué temperatura exactamente?». Los lógicos: «¿Y no hay descuento?». Pues no lo hay.