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Domingo, 8 de enero de 2006
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GIPUZKOA
OÑATI | LOTERÍA DE 'EL NIÑO'
Aquel 'Gordo' de 1963
El primer premio dejó hace 43 años en Oñati 12 millones de pesetas, un pellizco importante porque entonces un buen piso costaba 175.000 pesetas
El número 18.886 de la Lotería de El Niño hizo millonarios a un buen número de oñatiarras. [DV]
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OÑATI. DV. Quien más, quien menos se despertará hoy albergando ilusiones de que le sonría la suerte de El Niño. Los Magos de Oriente habrán dejado ya un buen número de regalos en las relucientes botas de pequeños y mayores, pero estos últimos albergarán por unas horas la ilusión de otro regalo sorpresa: la Lotería de El Niño, el sorteo que hace 43 años hizo millonarios a un buen número de oñatiarras y que hoy recordamos con la esperanza de que la suerte vuelva a Oñati.

«El gordo de ayer en San Sebastián y Oñate», titulaba el 6 de enero de 1963 EL DIARIO VASCO, en portada. En total, 24 millones de pesetas de los de entonces, más las aproximaciones y centenas. Toda una campanada, que alteró por unos días la rutina de los oñatiarras.

«Desde primeras horas de la tarde -reza una de las crónicas de la época- Oñate ha vivido la expectación de saber quiénes eran los afortunados del gordo». Los décimos costaban entonces 150 pesetas y cada uno de los diez agraciados se llevó 1.200.000 pesetas. Toda una fortuna pues en aquella época un buen piso costaba 175.000 pesetas.

Tras el premio, las ventas aumentaron, y aunque los más pesimistas decían que no volvería a tocar, la lotería volvió a sonreír a Oñati en abril de ese mismo año para sorpresa y agrado de todos.

Iluminados por la fortuna

En la edición de DV del día 7 de enero se presentaba a los iluminados por la fortuna del gordo de El Niño. Uno de ellos fue Enrique Zabaleta, ya fallecido. «De 30 años de edad, soltero y sin compromiso» decía el artículo periodístico en el que se contaba que el afortunado jugaba dos décimos y le habían correspondido 2.400.000 pesetas. Trabajaba en el taller Corcóstegi y vivía con su madre y su hermana. Zabaleta confesaba al periódico, desbordado por la emoción, que lo primero que iba a comprar «era un piso para toda la familia».

Otro décimo recayó en poder de Eusebio Olalde. «También soltero, de 28 años, trabaja en el Taller Igartua y los ratos libres que tiene toca el acordeón» se podía leer en el periódico. El décimo le llegó de manos de su amigo Zabaleta, y el joven Olalde lo compartió con un cuñado que vivía en Legazpi, Martín Aguirreurreta. «El regalo se lo hizo por teléfono», se recalcaba en la noticia. Otros dos décimos fueron para un joven navarro de Estella, Javier Azkona, y otro más para el entonces alcalde de Legazpi, Luis Aldasoro.

El número 18.886 se le antojó a su señora. Lo compraron el día de Año Nuevo aprovechando un viaje a Mondragón. «No ha sido la primera vez -destacaba DV- que el señor Irizar ha entregado al alcalde la suerte, en otra ocasión le tocaron cerca de 100.000 pesetas».

En paradero desconocido

Otro agraciado fue Eduardo Urcelay, del caserío Anduaga en el barrio de San Pedro. Según se puede leer contaba con 72 años y vivía con su esposa e hijos, trabajando en las labores del campo.

El resto de los millonarios, otras tres personas, se encontraban, según el artículo, «en paradero desconocido», aunque se creía con toda seguridad que eran de Oñati. Frente a la alegría desbordada de algunos, se recuerda el comentario de un reciente padre que decía serenamente: «No cambio para nada la alegría de ser padre frente a la de resultar agraciado». No obstante, se sospecha que también se quedó con el dinero. ¿Ojalá vuelva la buena racha y Oñati regrese a las portadas de los periódicos!



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