Cuando ya los adultos donostiarras nos incorporamos al trabajo para hablar sobre la Ley Anti-Tabaco y sólo queda esperar a los Reyes Magos, nuestro espíritu navideño está decididamente deshinchado. Como ese Olentzero gigante (y tan pronto ya fuera de lugar) de La Bretxa, al que se ve desinflado durante las noches. Con los pies fláccidos asomando por el tejado del centro comercial, su presencia se hace poco digna. De día aún lo vuelven a hinchar, cuando hasta la figura del simpático mono del autoservicio Boulevard podría decirle que su tiempo ya ha pasado, que vuelva al monte, que deje paso a Sus Majestades de Oriente.