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Miércoles, 4 de enero de 2006
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SAN SEBASTIÁN
CIUDADANOS | CÁSTOR URANGA, EL ANTICUARIO EN ANTEO, SU SALA DE SUBASTAS DE ARTE
«Una subasta parece una tarde de frontón: nervios, emoción, pasiones...»
El presidente de la Asociación de Comerciantes de Arte Antiguo de Gipuzkoa abrió en 2004 Anteo, sala de subastas sita en Prim 23. Prepara ya la próxima sesión.
Cástor, ente Miró y unas escenas de batalla. [JOSE USOZ]
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El primero de diciembre se celebró en Anteo la Gran Subasta de Navidad. Los 329 lotes presentados al público tuvieron salida. Salida fastuosa algunos, pues con un precio de partida de 120 euros, hubo piezas que alcanzaron unos cuantos miles más tras un recorrido espectacular.

- Ha de ser fascinante, ¿verdad?

- ¿El qué?

- Todo. La subasta, las pujas, el papel del subastador, los nervios, la emoción. Si hubiera apuestas...

- ... Se parecería realmente a una gran tarde de frontón. Una buena subasta de arte tiene los mismos elementos: nervios, pasión, emoción. Hay quien puja en directo, en la sala, levantando su paleta. Quien lo hace por teléfono, siguiendo el juego casi en vivo. No faltan quienes han enviado el límite de sus pujas por fax y son representados por el jefe de mesa. Impresiona ver el recorrido que un lote puede tener desde un precio de salida realmente bajo.

- Explíqueme el sentido de la palabra 'recorrido'.

- Cada lote, cada obra de arte puesta en subasta, tiene un precio de salida apalabrado entre la casa y el propietario. No es el precio real y se espera siempre que alcance uno mayor. Pero hay que dejar que tenga un recorrido, que se airee, que sea deseada por los compradores, que luchen por ella. Es bellísimo ver lotes tasados de partida en 90 euros alcanzar los 2.000. Nosotros sabemos, por ejemplo, que un Dalí, nuestro Dalí, vale 2.000 pero le hacemos salir a mil. Y si el recorrido es bonito, emocionante, si hay mucha puja, si los teléfonos arden y la mesa interviene representando a los pujadores ausentes, al final, el público aplaude. Como el día en que una pieza valorada al inicio en 12.000 rozó los 50.000 euros. Se aplaude, sí, el gran espectáculo.

- El papel del subastador en este juego será supremo.

- Absolutamente. Con nosotros colabora uno de los grandes, Andrés Serrano. El día de la subasta a las 12 del mediodía recibe todos los informes, todas las pujas mandadas por fax, toma sus apuntes, prepara la sesión. Tiene que ser una persona muy viva, muy hábil, que mantenga a la gente en la puja...

- Como un gran croupier...

- Casi. Deberá advertir de la calidad del lote y dejará muy claro cuándo nos encontramos ante la última oportunidad de pujar. Será un gran psicólogo. Tampoco puede mantener al público en una tensión continua. Ha de saber relajar a la sala en el momento justo.

- Tal como lo cuenta, con tanto vértigo, al final, ¿cada pieza es comprada en su valor real?

- Y eso, ¿quién lo sabe? El mundo del arte está loco, loco, loco. ¿Vale ese cuadro de la Alta Época lo que han, hemos, pagado por él? Acaso sí, tal vez no, pero se ha pagado. Intervienen tantos factores... Nadie entiende nada. A veces es fruto de capricho y pulsión... La sala de subastas lo que ha de ofrecer, tanto al comprador como al vendedor, es seguridad absoluta. Transparencia. Rigurosidad. Certificados, catalogalización. Seriedad. Lo demás, depende de mil historias. El arte se mueve, se vende y compra. Actualmente y aquí, en San Sebastián, mucho y bien.

- A pesar de la leyenda de nombres como Sotheby´s y Christie, de escenas cinematográficas en las que los grandes de este mundo pujan fascinados, ¿no hay peligro de que alguien sienta el recelo de que una sala de subastas pueda confundirse con una casa de empeño?

- Pudiera pasar pero sería una equivocación atroz. Una sala de subastas no es un monte de piedad. La gente vende sus cuadros por mil motivos. Para hacer un viaje magnífico o para abrir un negocio. Las escaleras se suben. Pero también se bajan. La cuestión es estar en ellas. Y más allá de venderse y comprarse, lo que pasa con el arte es que, sobre todo, se mueve.Vendemos un cuadro para comprar otro. Cambiamos unas escenas de la escuela italiana del XVIII para adquirir un Warhol. Porque ahora, el pop se cotiza y se desea.

- ¿La moda, las tendencias, influyen en una sala de subastas?

- Pero con razones profundas. Mira, en los años 60 éramos demasiado jóvenes para poder adquirir un Tapiès, un Miró, un Dalí. No teníamos dinero y sí otras preferencias. Ahora todo ha cambiado. Ahora, algunos, pueden comprarse un Tapiès. Hoy se les conoce mejor, mucho mejor. Por otro lado, ferias como ARCO han dado un impulso brutal a la pintura de los años 60, a todo el movimiento pop, al arte de finales del XX.

- Y nuestros pintores, ¿qué papel juegan en una subasta?

- Según dónde suceda la subasta.

- ¿El lugar importa?

- Mucho. Se suele decir que las subastas son para los listos.

- Elemental, querido Cástor.

- Sí pero no tanto. Hay especialistas en analizar lo que aparece en los catálogos de las subastas para detectar auténticas gangas. Puede pasar que en una sala de aquí se cotice a la baja un pintor americano que en su país alcanza cifras astronómicas. Para coger esos lances al vuelo están los ojeadores, las aves de rapiña. Pasa igual con los nuestros. De pronto les descubres en el catálogo de una sala lejana, a un precio para nosotros interesantísimo... Aparte de eso, la fuerza de nombres como Iturrino, Zubiaurre, Regoyos, Zuloaga, es total. Aquí y allá. Creadores más actuales son deseados por todos pero, qué lástima, su obra es escasa, está desperdigada o no es fácil de catalogar.

- Anteo, ¿por qué?

- Era un dios, hijo de Gea, la Tierra. Sólo podía ser derrotado si se le separaba de, precisamente, su fuente de energía, la tierra. Hércules le levantó en un abrazo feroz y le venció.

- ¿Pujarían por un figura suya?

- En ello estamos.



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