Después de leer lo publicado en este periódico, a raíz de la muerte de Lourdes Iriondo, echo en falta a «nuestra Lourdes», la educadora alegre, positiva y cercana a todas las niñas de Urnieta de los años 60. En aquella época coincidieron dos personas claves, ambas jóvenes y con amplia entrega y dedicación a nosotros, niños y niñas que jugábamos en la plaza de Urnieta, cuando todos éramos como una gran familia: Don José Ignacio Zugasti, sacerdote (q.e.p.d.) y Lourdes Iriondo. Don José Ignacio se dedicaba a los chicos y Lourdes a nosotras. Con ella empezamos a conocer y amar el teatro, con actuaciones en el local encima de la sidrería Macho. El día de la Sta. Infancia hacíamos cabalgata para recaudar fondos, vistiéndonos de japoneses, indios, chinos, etc.. Aprendíamos a tocar la guitarra, bailes vascos formábamos grupos y actuábamos en las fiestas y en otros pueblos. También nos llevó a conocer los montes vecinos, jugando a descubrir la ruta a realizar siguiendo las pistas que debíamos encontrar. Y por supuesto no faltaban excursiones todos los años para conocer nuestra Gipuzkoa. Nos alegró y cambió nuestra niñez enseñándonos a relacionarnos y a conocer ese «otro mundo» que existía además de Urnieta. Nunca te olvidaremos, Lourdes.