A modo de césar romano, el diputado general ha acabado el año repartiendo generosamente seis millones de euros entre unos señores que corren detrás de un balón. ¿Ni preguntarlo en Juntas Generales! Es de vergüenza. Con la ayuda a la Real la Diputación prima la mala gestión empresarial, la dejadez y el despilfarro. ¿Haría lo mismo con Talleres Etxekalte por poner un ejemplo? ¿Qué cara les habrá quedado a los centenares de directivos de clubes deportivos de Gipuzkoa, que invierten su tiempo desinteresadamente a favor del deporte? A mí, que he sido directivo de uno por más de 15 años, se me ha quedado cara de tonto. Ahorra; ajusta los presupuestos; llena el papeleo para recibir cuatro chacurrenas de Kirolgi; saca la lotería, sablea a los conocidos para que te pongan un anuncio en el cartel, ¿Y para qué?
La Diputación nos ha financiado ya el circo. ¿Para cuándo el pan? No parece ese el camino elegido, ya que en los presupuesto de Gipuzkoa para el 2006 el gasto social ha disminuido porcentualmente.