La draconiana decisión de Gazprom de suspender el suministro de gas a Ucrania esconde en el fondo consideraciones políticas y estratégicas inseparables de la crisis bilateral que se vio agravada por el cambio democrático sobrevenido en este segundo país tras la denominada revolución naranja. Con su férrea actitud, Moscú -consciente de la cercanía de las cruciales elecciones legislativas de marzo- presiona ahora a los electores ucranianos recordándoles lo difícil que les puede resultar vivir de espaldas a la Madre Rusia. La politización de los intercambios comerciales es inaceptable ya que estos deben someterse exclusivamente a las reglas internacionalmente admitidas, incluidas las instancias de arbitraje, dictadas por el buen uso de las leyes y los imperativos del mercado. Y difícilmente se puede hablar en este caso de un problema estrictamente comercial cuando Kiev había aceptado el principio de un considerable aumento del precio y trataba de negociar un calendario asumible para su industria del acero y los productos químicos.