ZARAUTZ. DV. Celina Gorostizagoiza expone hasta mediados de enero una colección de fotografías sobre la naturaleza en Torre Luzea. Se inició en el mundo de la fotografía de la mano de su marido Ramón Serras, para quien empezó a posar hace 26 años. Es en esta época cuando, mientras posaba, empezó a sacar sus primeras fotografías, aunque, como ella misma confiesa, « siempre me ha gustado el mundo de la fotografía y después de casarme empezamos juntos. Ramón siempre le ha dedicado más tiempo. Empezó con la pintura pero le animé a cambiar. Mientras realizaba funciones de modelo me fui animando a hacer las primeras fotos y me enganchó».
Sus primeros trabajos se pudieron ver en exposiciones colectivas, realizando en 1989 su primera exposición individual. Durante este período participó en diversos concursos internacionales consiguiendo varios premios, lo que le permite obtener el título de Artista de la Federación Internacional de Arte Fotográfico (AFIAP), siendo la primera mujer en el Estado en conseguirlo. Su trabajo se centra a menudo en la naturaleza. «Siempre me ha gustado la naturaleza y ahora en Torre Luzea muestro una colección de otoñales. Fotografías que he ido captando en distintos lugares y en diferentes momentos del otoño. Es un período de tiempo muy agradecido. Los colores, los tonos, todo invita a plasmar ese instante. La mayoría de localizaciones están en el País Vasco, pero también hay fotos de Ordesa, etc. Sabiendo que me gusta el otoño aprovechamos para visitar lugares en los que poder trabajar a gusto».
Además de los otoñales presenta una colección de rocas e incluso de cementerios, «pero no es tan tétrico como puede parecer. Tengo muchos tipos diferentes de cementerios y algunos son realmente bonitos». Le gusta salir a buscar las fotografías que tiene en mente pero en ocasiones se encuentra con ideas o temas que no deja escapar. «Me gusta captar el instante para después recordarlo. Reflejar ese momento mágico es lo que me llena, por eso empecé a sacar fotos».
Con la cámara clásica
Respecto a las nuevas cámaras digitales, todavía no ha empezado a trabajar con ellas. «Sigo con las cámaras viejas, aunque más adelante me gustaría probar también las digitales. Creo que todavía se hacen mejores fotos con las clásicas, si bien en unos años las digitales estarán a la altura de las clásicas. Para hacer ampliaciones, etcétera, dan mejor resultado las que tengo, al menos hasta ahora».
De su marido sólo tiene elogios. Ha posado para él en muchas ocasiones y le ayuda mucho, «pero no se nos puede comparar. Es un gran artista que siempre está dispuesto echarme una mano. Cada uno tenemos distintas formas de trabajar. Él elabora más cada fotografía. Yo, en cambio, hago más fotos e improviso. Para cuando él saca una foto, yo ya llevo gastado un carrete», comenta entre risas.
Vivir de la fotografía le parece un sueño. De todos modos piensa que cada vez está mejor considerada la fotografía como arte. Cree que hay más medios, más facilidades e incluso después de hacer la instantánea se puede trabajar con ella; para eso hay programas como Photoshop, etc. «Pero como dicen los cocineros, la materia prima es la que permite obtener un buen resultado y en nuestro caso lo principal es el momento en el que recoges la imagen».
A quienes empiezan en la fotografía les recomienda hacer muchas fotos, pensar mucho, conocer la historia y leer sobre el tema. «Nuestro Photomuseum es un privilegio para quien se adentra en este mundo. Cada cual debe buscar un estilo propio».
Cuando le preguntamos por el suyo contesta: «Me gusta disparar cuando veo algo que me llena. Soy bastante espontánea. Busco un tema y luego trabajo sobre él».
Quienes aman la naturaleza y en especial el otoño no pueden dejar de ver esta bella visión de la misma que nos ofrece Celina Gorostizagoiza en las salas de Torre Luzea, con el horario habitual de exposiciones hasta el 15 de enero.