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Lunes, 2 de enero de 2006
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POLÍTICA
FRANCISCO LLERA | DIRIGE EL EUSKOBARÓMETRO
«La concertación entre PNV y PSE es necesaria y es inevitable»
Francisco Llera analiza con prudente optimismo los cambios en la opinión pública vasca
Francisco Llera, en un momento de la entrevista. [PEDRO URRESTI]
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El Euskobarómetro -el tradicional sensor de la vida social y política vasca- ha cumplido diez años después de visitar 30.000 hogares. Su director, Francisco Llera, repasa los cambios sociales experimentados en Euskadi en esta década y no oculta la evolución positiva que percibe en la opinión pública y el apoyo mayoritario a un reencuentro entre nacionalistas y socialistas, una «concertación inevitable, buena y necesaria».

-Diez años de Euskobarómetro. Hágame un balance telegráfico.

-Han sido más de 30.000 hogares visitados y millones de datos, provenientes de cientos de preguntas. Más importante que la coyuntura en esta base de datos es el estudio de nuestra evolución. Quizá, el dato más relevante en estos últimos diez años es la aparición de una opinión pública autonomista y vasquista muy consolidada que hasta la segunda mitad de los noventa estaba muy eclipsada, o era muy difusa, y ahora ha emergido y se ha expresado con nitidez, frente al clásico predominio absoluto de la opinión pública nacionalista.

-¿Una opinión pública moderada, autonomista y vasquista frente a la tradicional hegemonía nacionalista?

-Bueno, no diría yo tanto como tradicional, si con ello nos queremos referir a algo telúrico o que se pierde en la noche de los tiempos, porque al comienzo de la transición no era tan claro tal predominio. Pero sí, la emergencia con fuerza de esta opinión autonomista ha reflejado, frente a la apariencia de uniformidad o de hegemonía de la opinión pública nacionalista, la realidad de una opinión y de una sociedad mucho más plural que todo eso.

-La verdad es que sorprende de verdad que ese sentimiento no nacionalista sea mayoritario

-Pues así lo formula la gente y ése es uno de los cambios que hemos podido constatar en estos últimos años. Del sentimiento de predominio nacionalista hasta el año 99 ó 2000 hemos pasado a un predominio más o menos consolidado, pero ya constante, del sentimiento no nacionalista.

-A la vez el terrorismo ha descendido al cuarto lugar en el ránking de las preocupaciones de los vascos ¿Qué lectura haría de este dato?

-Creo que es otra de las características consolidadas en los últimos años. A partir del 2002 comienza el declive, desde la primera posición por encima del 40% hasta menos del 20% actual. Ahora emergen con fuerza un paquete de preocupaciones relacionadas con el bienestar, las desigualdades sociales, los servicios públicos, la sanidad, la educación y la vivienda.

-¿Cómo cree que se está viviendo en la sociedad vasca la expectativa de un hipotético fin del terrorismo?

-Con una mezcla de optimismo contenido y de escepticismo o desconfianza crónicos. Pero, por lo menos, hemos desterrado el pesimismo que había predominado durante una década. Es un cambio de opinión que está protagonizado sobre todo por el segmento social más victimizado, aquellos que tenían más miedo, que se sentían perseguidos, que no eran precisamente los nacionalistas.

-Pero llama la atención que la gran mayoría de la sociedad vasca apuesta por el final del terrorismo pero está dispuesta al mismo tiempo a que haya concesiones políticas para ello

-Era algo que veíamos en las series temporales de las encuestas realizadas con anterioridad. La disponibilidad para pagar precios políticos había bajado mucho en los últimos años, sobre todo durante la época del Pacto de Ajuria Enea. En el 2000, ante la expectativa de la tregua, hubo un ascenso en esa disponibilidad como una especie de premio. Algo parecido a lo que se había producido en los 80. Ha vuelto una cierta predisposición en el 2001, pero nunca como en los 80 ni en el año 2000. Es curioso pero sí que es verdad que la gente está dispuesta a hacer algún tipo de concesión política para que acabe el terrorismo. Sin mucha precisión, obviamente, pero los vascos, sobre todo los nacionalistas, que se creen beneficiarios directos, están más predispuestos a algún tipo de precio político -referéndum o autodeterminación, por ejemplo- que a ser generosos en el tema del perdón sin reinserción, sin arrepentimiento y reparación a las víctimas, de los condenados por delitos de terrorismo.

-¿Una predisposición que afecta incluso a los votantes socialistas?

-También, porque en el último tramo temporal, en el último año, los electorados que más han cambiado en una dinámica relativamente centrípeta hacia posiciones de moderación y entendimiento, es una parte del electorado del PNV y otra del electorado socialista, que es la que apoya la concertación.

-¿Qué opina de la política antiterrorista de Zapatero?

-Mis opiniones no son las del director del Euskobarómetro en este tema, sino a título exclusivamente personal. Creo que en este momento el Gobierno de Zapatero ha dicho que estamos dispuestos a hablar, si se abandona el radicalismo rupturista y se entra por la senda del diálogo democrático. Y además las condiciones para ese supuesto final dialogado las pone el Parlamento. Me parece razonable para dar un giro pero no bajamos el nivel de firmeza en la persecución de los terroristas y en la persecución del delito. Puede haber discrepancias y matices sobre la fórmula de implementar esto, pero en principio la política está dando algún que otro resultado. Sabemos que el terrorismo aún no se ha acabado, que ETA aún no ha declarado el abandono definitivo de las armas, que sigue amagando, intimidando y asustando Y eso hace que muchos pensemos que no hay que bajar la guardia y creo que el Gobierno no la baja.

-El Euskobarómetro también detecta un amplio apoyo al entendimiento entre nacionalistas y socialistas. ¿Cómo lo explica?

-Se apoyan las fórmulas de entendimiento y de concertación entre nacionalistas y socialistas. De alguna manera, esta evolución reciente -que no es drástica porque la opinión pública no funciona aquí con bandazos- refleja algo que yo interpreté así tras los resultados electorales de la primavera pasada. Por una parte, la pérdida de apoyo del nacionalismo y del PP y el ascenso relativo del PSE tenía una lectura posible: que no podía haber ni una mayoría de un lado ni de otro y debía producirse una mayoría mixta y transversal, que es la que se ha practicado en este país en sus mejores años de estabilidad. Sabemos que no se dan las circunstancias para que ese entendimiento se reproduzca de la noche a la mañana, pero sí vemos una dinámica centrípeta de reencuentro y de concertación que es buena y que, de alguna manera, es la que se está produciendo, con mayor o menor acierto, en los actuales intercambios de apoyos presupuestarios, por ejemplo.

-¿Cómo valora este pacto?

-Terminé mi análisis de las elecciones de la primavera con una idea: volver a empezar. Y volver a empezar es la concertación. La coalición es algo prematura, pero la concertación es inevitable, es buena y es necesaria y eso abre campos para un cambio en la política, que tiene que pasar, lógicamente, por no seguir con la dinámica nacionalista de los últimos años y que tiene que romper obviamente el ciclo de Estella.

-¿Y usted cree que el PNV ha roto el ciclo de Estella?

-Creo que del todo no, pero a todo el mundo hay que darle tiempo al tiempo y creo que ha empezado a hacerlo. Ahora bien, me ha parecido fatal la forma en la que se ha escenificado el pacto presupuestario. Me parece vergonzoso e irritante la humillación con la que el nacionalismo le ha tratado al PSE, es un mal gesto y sobre todo es una mala forma de empezar y de abrir un nuevo ciclo. No es la primera vez que nos pasa y a veces hay que hacer de la necesidad virtud desde el punto de vista político e ideológico, pero ya no están los tiempos para volver a pasar por todo. Simplemente, porque ni son superiores, ni tienen más razón o derecho que los demás. Me gustaría que el Partido Socialista reaccionara adecuadamente, no tirando las patas al alto y rompiendo el pacto, pero sí poniendo en evidencia a quien lo ha hecho tan mal.



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