Cómo evitar ser un 'padre-madre entrenador'

Partidos playeros en La Concha. /DV
Partidos playeros en La Concha. / DV

Ana Vega
ANA VEGA

La pasada semana muchas webs informativas se hacían eco del vídeo de Frank Martin, entrenador de un equipo de baloncesto de la Universidad de Carolina del Sur, dando una lección sobre cómo deberían comportarse los padres de los niños y niñas que practican deporte. En demasiadas ocasiones nos llegan noticias sobre comportamientos fuera de lugar por parte de padres hacia entrenadores, árbitros e incluso deportistas del equipo rival. Personas que olvidan quiénes son, dónde están y cuál debería ser su papel en la grada. Aunque parezca algo obvio, conviene recordar que los árbitros están para arbitar, los entrenadores para entrenar y los padres y madres para animar.

Se calcula que el 75% de los niños y niñas que practican deporte lo dejan entre los 12 y los 13 años. Algunos consideran que el nivel de exigencia empieza a ser demasiado alto y sienten que el deporte ha dejado de ser algo divertido. Otros simplemente descubren otras aficiones (mejores o peores que el deporte). Pero también hay muchos que lo dejan porque sus padres se han convertido en una auténtica pesadilla.

Bruce E. Brown y Rob Miller son dos entrenadores estadounidenses que han creado una plataforma para ayudar a los adultos a evitar convertirse en esa pesadilla que es el 'padre o madre entrenador'. Según explican en su web, la gran mayoría de los padres empiezan a presionar a sus hijos sin siquiera darse cuenta. Todo puede empezar de la manera más inocente en el camino de vuelta a casa cuando los padres empiezan la conversación sobre el partido o la competición. Brown y Miller defienden que tras una prueba, ganen o pierdan, haya salido bien o mal, los niños lo que más desean es tomar distancia. Quieren dejar de ser atletas y volver a ser niños y preferirían que sus padres pasasen de ser espectadores a ser sus padres otra vez. Y cuanto antes mejor.

Durante más de treinta años de trabajo como entrenadores han llevado a cabo un estudio informal para constatar que los jóvenes deportistas lo que quieren oir de boca de sus padres es algo tan sencillo como: «Me encanta verte jugar». Así de simple, ni si lo has hecho bien, ni qué bien rematas ni qué veloz eres o cuántas encestas. No. Quieren escuchar que sus padres son felices viéndoles disfrutar del juego. Brown y Miller señalan además que los abuelos suelen ser muy bienvenidos en los partidos y competiciones porque son más propensos a disfrutar simplemete de ver a sus nietos en acción sin tener en cuenta qué o cómo lo estén haciendo.

Según explican Brow y Miller, es muy sencillo no convertirse en un padre-madre pesadilla. Simplemente hay que evitar algunas cosas:

  • 1

Ser demasiado efusivos: Los mejores deportistas son los que compiten con igual intensidad pierdan o ganen. Los padres que muestran desagrado en alguna parte de la competición están enviado a sus hijos un mensaje equivocado. Animar es muy importante, especialmente cuando las cosas no van bien.

  • 2

Tener objetivos distintos a los de su hijo: Padres e hijos deben tener los mismos objetivos en el deporte. Si no es así, hay que revisarlo. Los objetivos de los niños en el deporte suelen ser habitualmente disfrutar haciendo ejercicio, pasar un rato divertido con los amigos, mejorar sus habilidades y ganar. Si a esas alturas los objetivos de los padres son que consiga una beca o que le pasen al primer equipo... mal vamos. Muchos deportistas jóvenes se sienten presionados porque sus padres les consideran mejores de lo que ellos mismos se ven.

  • 3

Tratarles distinto cuando ganan o cuando pierden: Todos los padres quieren a sus hijos e hijas igual ganen o pierden. Pero en muchas ocasiones su comportamiento dice algo distinto. Según Brown, muchos jóvenes deportistas señalan que las conversaciones con sus padres tras la competición les hacen sentir como si su valor como persona estuviera ligado al tiempo de juego o al resultado de la competición.

  • 4

Desautorizar al entrenador. Los atletas jóvenes (y los no tan jóvenes) necesitan una única voz que los guíe tanto durante los entrenamientos como durante la competición y esa es la de su entrenador o entrenadora. Los niños o niñas que escuchan a sus padres gritar instrucciones desde la grada o aquellos que buscan sus gestos de aprobación están distraídos y no puede emplearse al máximo.

  • 5

Vivir tu propio sueño deportivo a través de tu hijo/a: Una muestra clara de que esto está ocurriendo es cuando el padre o madre se atribuye parte del mérito en la victoria. Frases como «lo has hecho justo como yo te enseñé», lo dicen todo. Si el resultado del juego le afecta más que a su hijo o hija o si todavía está pensando en el resultado mientras que su hijo o hija está ya a otra cosa, recuerde que esto no es tu trabajo.

Si además quiere hacer lo posible por ser un buen padre/madre de deportista recuerde:

- Anime a todo el equipo, no sólo a sus hijos o hijas y que sea siempre en tono positivo, sea cual sea el resultado.

- Compórtese adecuadamente. Los niños no hacen lo que sus padres dicen, sino lo que sus padres hacen.

- Sepa de qué hablar con el entrenador: Si le preocupa el comportamiento/rendimiento de su hijo, hable con el entrenador/a. Pero recuerde que hay temas que no se deberían tratar como: tiempo de juego, estrategias de equipo o hablar sobre niños o niñas que no sean sus hijos.

- Conozca cuál es su papel: Todas las personas en la competición tienen su papel sean jugadores, entrenadores, árbitros o espectadores. Sea consciente de cuál es el suyo en todo momento.

- Aprenda a escuchar: Cuando su hijo/a esté listo para hablar de la competición o tenga alguna pregunta, sea todo oídos.

Y no olvide las palabras mágicas: «Me encanta verte jugar».

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