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Qué ofrece el método de enseñanza de moda que no tiene un colegio tradicional

En las escuelas Montessori se fomenta la autonomía del alumno.

En las escuelas Montessori se fomenta la autonomía del alumno. / AFP

  • Se llama Montessori y los príncipes de Inglaterra lo han vuelto a poner en primera línea de la actualidad al elegirlo como alternativa educativa para sus hijos

  • Se basa en el autoaprendizaje, en donde el propio alumno, desde la más temprana edad y hasta la adolescencia, busca su propio camino

Tiene medio siglo, pero no deja de estar de actualidad. Los últimos en volver a ponerlo de moda han sido los príncipes de Inglaterra al elegirlo como método de enseñanza para sus hijos. Pero a pesar de estar en boca de todos, sus principios no son conocidos por la mayoría.

Los colegios Montessori, de los que existen 18 colegios asociados en España, centra su formación en el «autoaprendizaje» de los niños, por medio de una instrucción básica: jugar y jugar. La actual sede matriz de este método fundado por Maria Montessori en Italia en 1907, Association Montessori Internationale explica que el rol de los profesores es la gran diferencia entre su método y el de la escuela tradicional. Frente a uno que centra su actividad en instruir e impartir clases, en Montessori el maestro es un facilitador y persigue crear las «circunstancias» adecuadas en el entorno del niño, de modo que él sea capaz de alcanzar su propio potencial al aprender al ritmo que él mismo impone, centrándose en las necesidades que él cree importantes para su desarrollo en ese momento.

En este particular enfoque que rompe con la impartición clásica de las lecciones, se busca dotar a sus estudiantes de un «ambiente» que provea de lo necesario en cada etapa de estudio, además de un «adulto» capaz de comprender esas necesidades para guiarles en la búsqueda de su propio camino y, finalmente, «libertad» para que el niño participe con flexibilidad y creatividad.

 

Reforzar las cualidades innatas

Se espera así que los infantes obtengan capacidad de concentrarse, perseverar y pensar por sí mismos, y de interactuar con los demás. En otras palabras, reforzar cualidades «naturales» como autonomía, independencia, iniciativa, capacidad de elegir, desarrollo de la voluntad y autodisciplina. En fin, pretende que el estudiante desarrolle sus propias capacidades por sí mismo.

Estos principios los trazó María Montessori, la fundadora del método que lleva su apellido, durante casi medio siglo de trabajo con niños de distintas nacionalidades y estratos sociales. Nacida en Italia, en 1870, fundó la Casa dei Bambini en 1907, en donde colocó al alumno como «auténtico protagonista» de la educación infantil, acuñando la idea del «autoaprendizaje». Emigra en 1933, en plena efervescencia del fascismo, hacia España, Holanda e India, donde ayudó en la formación de los docentes, hasta que en 1947, regresa a Italia, país de postguerra donde participa en la reorganización de las escuelas y el conocimiento de la infancia. Es nominada al premio Nobel de la Paz en tres oportunidades. Muere en 1952, después de fundar la asociación que lleva su nombre y que se encarga de transmitir su legado y apoyar a aquellas escuelas que deseen enseñar a través de su enfoque todavía hoy revolucionario.

Dividido básicamente en niveles por edades, el sistema Montessori se dirige a niños hasta los 3 años, entre 3 y 6 años, entre 6 y 12 años y, finalmente, entre 12 y 18, con distintas actividades pero el mismo principio fundamental.

En el primer nivel se busca desarrollar el potencial de los primeros tres años más importantes de la persona, donde, según Montessori, se forma la inteligencia, de manera determinante en cuanto a su cultura, independencia, desarrollo psicomotor y adquisición del lenguaje.ç

En el segundo estadio se quiere potenciar el sentido del orden y el componente sensorial. «María Montessori no creía que la lectura, escritura, ortografía y lenguaje debían enseñarse como entidades separadas», explican desde la asociación matriz. «El lenguaje oral adquirido desde el nacimiento es refinado a través de una variedad de actividades tales como canciones, juegos, poemas, historias y tarjetas de lenguaje clasificado», y luego viene el movimiento muscular y las habilidades motoras finas, los símbolos del alfabeto, el alfabeto móvil... De la misma manera se abordan las matemáticas: como «una forma de ver el mundo». 

Entre los 6 y los 12 años, los niños, al tener una «energía ilimitada para la investigación y la exploración», son orientados para que la empleen para ampliar su campo de conocimiento durante la educación primaria. Se trabaja en grupo en distintos proyectos para mejorar habilidades de razonamiento, «impulsados a comprender el universo y su lugar en él». Se abarcan las asignaturas de geografía, biología, historia, lenguaje, matemáticas, ciencia, música y arte.

Por último, ya adolescentes, se transmite una «experiencia social que los prepara para la edad adulta y el trabajo tanto en un ambiente natural como en la sociedad en general, bajo el nombre de ocupaciones». Allí se transmite a idea de que el trabajo es «significativo (...), física e intelectualmente desafiante (...) es valorado en la comunidad (...), provee estabilidad económica».

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