Cuando los votantes se equivocan

Los resultados de las elecciones catalanas apuestan casi por dos mitades radicalmente confrontadas: el nacionalismo español jacobino frente al independentismo antisistema

IGNACIO SUÁREZ ZULOAGA

No ha habido en toda la historia un estadista que -como Winston Churchill (primer ministro británico durante el auge del fascismo y el comunismo)- esté más identificado con la democracia parlamentaria. Lo que no le impidió afirmar: «… se ha dicho que ‘la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que vienen siendo probadas a lo largo del tiempo’». Tenía razón, porque los votantes nos equivocamos y, en ocasiones, dramáticamente; desde hace milenios, una y otra vez, y con consecuencias terribles. Fue en la Asamblea ateniense donde los ciudadanos votaron la muerte del filósofo Sócrates, acusado de ‘pervertir a la juventud’; y allí también eligieron repetidamente a Alcibíades, el político que les arrebataría la democracia. Más recientemente, los civilizados alemanes -el ‘pueblo de los filósofos’- eligieron democráticamente a Adolfo Hitler, quien acabó con su Parlamento y provocó decenas de millones de muertos. Y han sido unas elecciones las que han puesto al frente de EE UU a un personaje tan irresponsable como Donald Trump. Por ello, que no nos extrañe lo que han votado los catalanes.

¿Y por qué el resultado de las elecciones catalanes va a resultar tan desastroso? Pues porque ha puesto de manifiesto la polarización más extrema, apostado casi en dos mitades por corrientes políticas radicalmente confrontadas: el nacionalismo españolista jacobino frente al independentismo antisistema. El partido Ciudadanos plantea abiertamente la reversión del proceso descentralizador, con la recuperación del control de Estado; un centralismo conceptualmente moderno y progresista, que ha renovado el imaginario nacionalista español. La ausencia de casos de corrupción, su disponibilidad a apoyar el Gobierno de otros partidos -convirtiéndose en instrumental, en menoscabo de los intereses personales de sus dirigentes- le ha acreditado ante un electorado que desconfía de los políticos. El polo opuesto a esa nueva forma de hacer política es el otro ganador -Junts per Catalunya- una lista electoral de veteranos dirigentes del establishment, activistas cívicos y personajes populares, encabezada por Carles Puigdemont. Su principal mensaje es continuar con la estrategia de independencia a toda costa practicada por su líder hasta ahora. Por el contrario, los dos partidos que han propuesto soluciones intermedias y conciliadoras (el Partido Socialista y la coalición Comunes-Podemos) han tenidos unos resultados muy pobres. Se ha demostrado que los mensajes contundentes y extremistas se han impuesto completamente a las propuestas centradas. Por tanto la sociedad catalana se encuentra no solo ideológicamente fracturada, sino también radicalmente enfrentada por el estilo y discurso de sus líderes.

Nada demuestra mejor la gravedad de la crisis institucional catalana como el nivel de degradación al que ha caído la principal formación entre las que componen su sistema de partidos. En poco más de dos años el gobernante partido Convergencia Democrática de Catalunya ha culminado el proceso de autodestrucción más acelerado del que se tenga noticia en Occidente. Pues Artur Más y Carles Puigdemont han conseguido: 1º Clausurar la federación de partidos Convergencia i Unió, que llevaba funcionando treinta y siete años, y fue clave en el desarrollo de Catalunya; 2º El partido CDC se disolvió por ser insolvente y porque la corrupción afecta al conjunto de su dirección; 3º La formación política se refundó como Partido Demócrata Europeo Catalán, para inmediatamente planificar y ejecutar un golpe de Estado institucional; 4º Su líder se fugó al extranjero tras el fallido golpe de Estado, dejando tirados a sus socios de gobierno; y 5º Ha acabado formando una lista electoral que posterga a los dirigentes de su propio partido en favor de todo tipo de caras conocidas del independentismo. Por ello Junts per Catalunya reúne todos los ingredientes antisistema imaginables, superando en la práctica a los otros dos grupos antisistemas ‘tradicionales’: la CUP y la coalición Catalunya en Comú-Podem. Por si fuera poco, un partido que se titula europeísta ha formulado todo tipo de reproches y amenazas a las instituciones europeas, incluido sacar Catalunya de la Unión.

El llamado wisdom of crowds (sabiduría de las masas) lo empleamos técnicamente en marketing como medio de aceleración de tendencias y popularización de productos; pero no necesariamente implica acierto. La insistencia en el error del electorado es frecuente en situaciones prolongadas de estrés; como ahora, cuando pasamos de la espantosa crisis financiera de 2008 (la mayor de la historia) a la ‘Nueva Economía’ (que nos está empezando a costar millones de puestos de trabajo). Muchos estamos alarmados con el problema de empleo y crecimiento que se avecina a causa de la tecnología; por eso en todo Occidente el populismo tiene un caldo de cultivo perfecto. Es en esos contextos de ansiedad generalizada cuando los personajes mesiánicos prosperan; incluso aunque se conozca personalmente el individuo. Volviendo al ejemplo de la Atenas de hace 2.500 años -en la que todos se conocían- Alcibiades supo explotar demagógicamente el cansancio de sus conciudadanos por la Guerra del Peloponeso (que por entonces iban ganando) para traicionarles varias veces; y a pesar de eso conseguir también engañar y traicionar sucesivamente a espartanos y persas. Atenas acabó perdiendo la guerra y su democracia; Alcibiades falleció en el exilio, pasando a la historia como la personificación de la demagogia y la traición. Antes y ahora, la gente ansiosa y enfadada elige visceralmente, promoviendo a personajes tan engatusadores como tóxicos; lo han hecho tanto unos cientos de cultos atenienses que conocían directamente a sus líderes, como millones de bien informados norteamericanos y catalanes.

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