Vivienda costosa

EDITORIAL

El alquiler o la compra de vivienda siguen representando a día de hoy un considerable esfuerzo económico para los jóvenes

DV

El coste de acceso a una vivienda de alquiler para un joven supera ya en Gipuzkoa el de un piso hipotecado en propiedad, teniendo en cuenta que debería destinar un 67,5% de su sueldo medio estimado al pago de la renta, mientras la hipoteca le exigiría un 58%. Esta constatación se apoya en un informe del Observatorio Vasco de la Vivienda, que muestra la evolución del coste de acceso a la vivienda libre en el territorio. La depreciación de los precios de la vivienda libre y el auge experimentado por el arrendamiento son los factores que determinan este vuelco, que es especialmente significativo en la periferia del territorio.

Las comparaciones en el mercado inmobiliario siempre están sujetas a una cierta variabilidad, teniendo en cuenta que las magnitudes del alquiler y la compra no siempre son equiparables. Mientras el mercado de alquiler está siempre sujeto a una cierta inestabilidad a largo plazo, el de la compra acostumbra a estar decisivamente influido por elementos como la firma de una hipoteca u otros de carácter inmaterial, que conectan con la renuncia expresa a hipotecarse que se autoimponen también muchas personas que pretenden acceder a una vivienda.

La realidad del mercado inmobiliario de Gipuzkoa es compleja y diversa, ya que no refleja una situación homogénea entre cómo desenvuelve en la costa o en las zonas del interior. La creciente demanda existente en determinados barrios de Donostia se contrapone con la apatía que acreditan las ventas en el interior. Además, la recesión económica ha modificado sustancialmente la jerarquía habitual del mercado inmobiliario, ya que el empleo ha pasado a ser el elemento fundamental que marca la diferencia respecto a la posibilidad de acceder a una vivienda. Al mismo tiempo, la crisis ha cambiado también el perfil de los demandantes de vivienda pública, ya que disminuye el número de jóvenes, y entre ellos aumenta el número de mujeres con menos recursos.

El alquiler o la compra de vivienda representa a día de hoy un considerable esfuerzo económico para los jóvenes, que han visto reducido un 20% su nivel medio de ingresos en los últimos diez años. Al mismo tiempo, la aportación de las administraciones públicas en materia de vivienda se ha visto negativamente condicionada por las limitaciones presupuestarias derivadas de la crisis. La evolución de ambos parámetros durante los últimos años ponen de relieve la existencia de un problema estructural que reclama políticas que estén en disposición de corregirlo.

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