Violencia contra las mujeres y opinión pública

Violencia contra las mujeres y opinión pública
PILAR RODRÍGUEZProfesora de comunicación de la Universidad de Deusto y Doctora por la Universidad de Harvard

En estas últimas semanas hemos asistido a varias noticias e informaciones en torno a casos relacionados con la violencia contra las mujeres: acoso sexual y violaciones por parte de productores y actores como Harvey Weinstein o deportistas como Robinho; el juicio a los cinco integrantes del grupo denominado ‘La manada’, acusados de violar a una joven en Pamplona en julio de este año; y los resultados del Barómetro 2017 del ProyectoScopio, elaborado por el Centro Reina Sofía, que señala que el 27,4 por ciento de los jóvenes de entre 15 y 29 años cree que la violencia de género es una conducta normal en una pareja.

¿Cómo se construyen nuestras identidades de género y nuestro imaginario social para que chicos jóvenes actúen y piensen de este modo? ¿Qué tipo de educación y de socialización han recibido en sus familias, en sus centros educativos y en sus grupos de amigos para asociar la diversión a la violación en grupo de una joven? ¿Cuál es la percepción de las conductas éticas y moralmente aceptables para que un porcentaje tan elevado de jóvenes asocie la violencia de género a conductas ligadas a la normalidad y a las prácticas habituales? Desde el equipo de investigación Comunicación de la Universidad de Deusto, hemos defendido de forma insistente que no puede desligarse la violencia contra las mujeres de la discriminación general que se extiende a todos los aspectos de la vida y al sexismo que de modo a veces abierto y en ocasiones en forma latente, se manifiesta en el terreno laboral, familiar y social.

Cualquier pensamiento o actuación que considere a las mujeres como inferiores -en cualquier grado, aunque sea mínimo- teje una red ideológica en la que en último término se admite incluso la violencia. Las construcciones sexistas que en numerosas ocasiones proyectan los medios de comunicación (la televisión en mayor medida que otros medios) no hacen sino aumentar estas elaboraciones mentales. Los medios de comunicación son simultáneamente reproductores y creadores de los modelos femeninos y masculinos, es decir de lo que social y culturalmente es considerado adecuado del ser mujer y del ser hombre. En aspectos fundamentales de la vida social la mayoría de la población no tiene un conocimiento directo por medio de su experiencia de cuestiones fundamentales ligadas a las construcciones de género y su imagen mental se va elaborando a través de los medios de comunicación. Una cultura que defiende o no condena la misoginia y la discriminación va creando patrones de pensamiento y de actuación que tienden a mantener la desigualdad.

A pesar de todo ello, estos episodios están provocando un efecto positivo en la opinión pública y en la respuesta social. En primer lugar, hay amplios sectores de la población que sentían desapego o falta de interés por estas cuestiones, y que a raíz de estos últimos acontecimientos se han visto forzados a admitir que no son casos aislados, sino que hay un entramado que de forma sistemática ha permitido estas conductas.

En el caso de Weinstein se advierte que hay un complejo sistema económico y social basado en el poder diseñado para que estos ataques sexuales se silenciaran por medio de la intimidación y la amenaza. El juicio a los integrantes de ‘La manada’ ha dado lugar a multitudinarias manifestaciones y a mensajes de solidaridad con la joven a través de las redes sociales. No solo periodistas destacados como Almudena Grandes o Manuel Jabois se han empeñado en subrayar la injusticia del tratamiento que la joven estaba recibiendo, como la contratación de detectives privados por parte de la defensa para espiar a la joven tras la violación, sino que numerosas personas se han adherido a la campaña feminista a través de las redes sociales con la frase «Yo sí te creo». En segundo lugar, el avance en el modo en el que la opinión pública interpreta el acoso y la violación ha sido espectacular en las últimas décadas. Hemos ganado en conciencia social, en comprensión de la gravedad del problema y en la consideración del castigo impuesto. Nos hemos hecho más intolerantes ante la violencia de género y vamos construyendo un nuevo imaginario social en el que resulta inaceptable.

Este es el camino que debemos seguir y el dolor que muchas mujeres confiesan tras años de silencio impuesto por un sistema que denigra a las mujeres puede dar lugar a un futuro algo más luminoso en el que no se repitan estos hechos.

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