Vidas cruzadas: Prieto y Aguirre

JOSÉ LUIS DE LA GRANJA y LUIS SALAHistoriadores

En un ensayo en el que analiza el papel de las personas en la historia, Margaret MacMillan afirma que «en ciertos momentos realmente sí que tiene importancia quién está al volante o quién se encarga de hacer los planes». El verano de 1936 fue sin duda uno de esos momentos cruciales que señala la historiadora canadiense. Y al frente de las dos grandes organizaciones políticas vascas que se pusieron del lado de la legalidad republicana hubo entonces dos líderes excepcionales, el socialista Indalecio Prieto y el nacionalista José Antonio Aguirre, a quienes podemos llamar con justicia los 'padres fundadores' de Euskadi.

Lo son porque tanto la aprobación del Estatuto vasco por las Cortes republicanas, reunidas en Madrid el 1 de octubre de 1936, como la formación una semana después en Gernika del primer Gobierno Vasco de la historia, son fruto del acuerdo al que llegaron Prieto y Aguirre, presidente y secretario, respectivamente, de la comisión parlamentaria de Estatutos. Ambos consensuaron el texto en la primavera de 1936, antes por tanto de la Guerra Civil, y en septiembre negociaron en Madrid su entrada en vigor, con un procedimiento de urgencia para la elección del lehendakari y la constitución de su Gobierno provisional.

Varios historiadores han analizado las similitudes y las diferencias que existieron entre ellos en alguna etapa histórica. Nosotros hemos hecho el ejercicio de poner en relación sus biografías políticas, seguirlas desde la instauración de la Segunda República en 1931 hasta el final de su vida y publicar, de entre los numerosos documentos que produjo su relación, los que son relevantes para la historia vasca, en particular su valiosa y copiosa correspondencia, inédita hasta ahora. Resultado de esta investigación es el libro titulado 'Vidas cruzadas: Prieto y Aguirre. Los padres fundadores de Euskadi (Biblioteca Nueva)', en el que hacemos un estudio comparado de ellos y de las culturas políticas que encarnaron: el nacionalismo vasco, del que Aguirre fue el gran líder carismático, y el socialismo vasco y español, del que Prieto fue uno de sus máximos dirigentes.

La República, la Guerra Civil y el largo exilio son las tres partes del libro, porque son también las tres etapas que marcaron la trayectoria política de sus dos protagonistas. Como Prieto era 21 años mayor que Aguirre, llegó a la vida pública en 1911, dos décadas antes que el dirigente del PNV. Prieto fue diputado por primera vez en 1918 y Aguirre llegó a las Cortes en 1931. Durante la Segunda República, el PNV y el PSOE fueron los mayores rivales en las elecciones vascas, aunque Aguirre y Prieto no se enfrentaron directamente en las urnas, pues el primero resultó elegido diputado por Navarra y Bizkaia provincia, mientras que el segundo lo fue siempre por Bilbao.

De ser enemigos políticos en el primer bienio republicano, socialistas y nacionalistas vascos pasaron a ser aliados en 1936, primero para acordar el Estatuto de Autonomía y después para tratar de vencer a los militares sublevados contra la República. Prieto fue, desde los ministerios de Marina y Aire y Defensa Nacional, el responsable del esfuerzo bélico de la República hasta su salida del Gobierno de Negrín en abril de 1938. El lehendakari Aguirre fue también el consejero de Defensa y, como tal, ejerció el mando político del Ejército vasco que luchó en Euskadi hasta finales de junio de 1937.

Tras la derrota en la Guerra Civil, los dos se distanciaron durante la Segunda Guerra Mundial. Prieto se opuso a la pretensión del lehendakari de que los consejeros socialistas de su Gobierno rompiesen su vinculación orgánica con el PSOE. Pero en 1946 se produjo un nuevo acercamiento con la formación del segundo Ejecutivo de Aguirre en Bayona. Dos años después, el lehendakari jugó la baza del llamado 'Plan Prieto', pues apoyó su intento de pactar con los monárquicos de don Juan de Borbón como forma de acabar con la dictadura de Franco. Su esperanza compartida de recuperar la democracia en España naufragó en el contexto internacional de la Guerra Fría. No obstante, ambos se comportaron en este periodo como hombres de Estado y contribuyeron al Movimiento Europeo, origen de la actual Unión Europea, como espacio de libertad y democracia política.

Marc Bloch decía que la historia se caracteriza por su capacidad para establecer relaciones explicativas entre fenómenos diversos. Nuestro estudio vincula las trayectorias vitales, ciertamente distintas, de los dos políticos vascos más importantes del siglo XX, con la pretensión de que su conocimiento nos ayude a comprender mejor nuestra historia reciente. No solo la del País Vasco; también la historia de España e incluso de Europa, pues todas ellas tienen alguna relación con la acción política desarrollada por estos dos grandes líderes a lo largo de tres decenios, desde 1931 hasta su muerte en el exilio: Aguirre, en París en 1960, y Prieto, en México en 1962.

La distancia política que les separaba no fue obstáculo para mantener una amistad personal que refleja su humanidad y muestra que la defensa de sus ideas y proyectos no estaba reñida con el respeto a las posiciones del otro. Aun siendo hombres de partido, sus figuras políticas desbordaron con mucho los límites de las organizaciones a las que pertenecieron para proyectarse sobre la sociedad vasca en su conjunto.

José Antonio Aguirre forma ya parte del patrimonio común y está bien representado en el espacio público vasco. Indalecio Prieto, en cambio, no ocupa el lugar de primera fila que le debía corresponder en nuestra memoria colectiva. En todo caso, sirvan para la reflexión las palabras que el lehendakari Leizaola le dedicó en la nota necrológica que hemos rescatado para cerrar el libro: «Descanse en paz el socialista bilbaíno, sin cuya mención no será posible nunca escribir la historia política de España en el siglo XX».

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