Los viajes son los viajeros

El de san Francisco Javier no fue precisamente un viaje de placer sino una trinquetada de desgracias, miserias y sufrimientos

JUAN AGUIRRE

Hoy es san Francisco Javier, patrón de los turistas por decreto del papa Pío XII en 1952, al cumplirse 400 años de su fallecimiento en la remota isla de Shangchuan cuando intentaba penetrar clandestinamente en China para su evangelización. Que quien abrió paso a la cristiandad en los confines del mundo sea venerado como patrón de las misiones tiene su lógica. Mucho menos lo tiene que además santifique a las ingentes masas turísticas que en nuestros días hormiguean por el mundo. Pues el del navarro no fue precisamente un viaje de placer sino una trinquetada de desgracias, miserias y sufrimientos. Así se describen en 'Tras las huellas de San Francisco Javier en Asia', crónica viajera del escritor Javier Mina que ha doblado los pasos del santo en su itinerario desde el sur de la India a Singapur, Malaca, Macao, Cantón y terminus en el mar de China.

Postula Mina, cargado de sensatez, que su tocayo cuadraría mejor como patrono de la globalización habida cuenta que quizá nadie antes que él comprendió la importancia de la información a escala intercontinental. Y eso aun cuando en su época un simple cruce de cartas entre Goa y Roma tardaba del orden de... ¡tres años y nueve meses!

«Viajar es el más triste de los placeres» certificó premonitoriamente Madame de Stäel. Pues qué diría de haber conocido las colas en los aeropuertos, las comidas de bufé, los guías desabridos o los parques temáticos. Hoy todo conspira contra el viejo encanto de la huida. Tenemos noticia de un movimiento cultural de apalanque cuyos miembros sostienen que lo realmente moderno es viajar menos e imaginar más.

Tomando como referencia inspiradora el 'Libro del desasosiego' de Fernando Pessoa, argumentan esos inamovibles que solo la debilidad extrema de la imaginación justifica que haya que desplazarse para sentir: «Es en nosotros donde los paisajes tienen paisajes. Por eso, si los imagino, los creo; si los creo, existen; si existen, los veo como a los otros. ¿Para qué viajar? En Madrid, en Berlín, en Persia, en la China, en ambos Polos, ¿dónde estaría yo sino en mí mismo, y en el tipo y género de mis sensaciones? La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos».

De acuerdo con esto, el mejor trotamundos es el que se circunnavega. Como Xavier de Maistre, autor de una de las más originales crónicas del género: 'Viaje alrededor de mi cuarto'. Parte del pascaliano principio de que «Todos los infortunios de los humanos derivan de una sola cosa: no saber quedarse a solas en una habitación». Que se lo digan a san Francisco Javier...

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