Viaje galáctico hacia el futuro

GONTZAL MENDIBIL

La Azoka de Durango, cita ineludible con la cultura vasca, será hasta mañana el universo de la creatividad ('Sormenaren lurraldea'), un lema muy apropiado para las múltiples actividades compartidas con el euskera y la cultura vasca. En un mundo globalizado y competitivo donde las culturas minoritarias han de esforzarse para sobrevivir y resistir, son necesarios aportes creativos continuos para su desarrollo. Y es en este territorio de la creatividad en el que el ingenio ha de prevalecer como fuerza creadora, fuente de inspiración y captación. La lengua es la piedra que rueda y nos hace rodar, y el universo de la cultura es un toma y daca, esa piedra que gira y gira donde el creador necesita del receptor.

La creatividad de nuestro territorio es admirable, lo que es sinónimo de una una sociedad viva y emergente pero necesita de un público receptivo para su florecimiento, porque no olvidemos que es el público quien estimula al creador en su dimensión de seguir y seguir creando. La Azoka de Durango cumple esa función seductora, atrayendo a miles de personas a la amplia producción cultural en euskera y contribuye de una manera apreciable a fortalecer la base social que sostiene su crecimiento. El éxito duradero se lo debemos a aquellas personas que hace 52 años proyectaron con audacia la necesidad de que se hiciera visible toda razón creativa que surgiera del euskera y de la cultura vasca. Esa implicación y el trabajo cotidiano fue primordial para su posterior resurgimiento.

Y así, sus promotores, aunaron la inquietud y el deseo de muchas personas que durante estos largos años han trabajado y trabajan en pos de nuestro idioma y de nuestra cultura y que representan a las miles de personas que acuden fielmente a la cita.

La Azoka de Durango es un acontecimiento en la historia del espíritu euskaldun, un escaparate de divulgación de nuestra fértil y fructífera cultura, un hormiguero humano donde se cultiva el contacto y que se ha convertido en una institución. No solo es un escaparate de obras literarias y musicales sino también un intercambio de pareceres e impresiones.

Sus impulsores y coordinadores han tenido que adaptarse a los avatares y avances de una sociedad viva. Desde aquel pórtico inicial de Santa María hasta el lugar de hoy familiarizado en el espacio de Landako, la Azoka se ha convertido en encuentros y actividades participativas.

Cada generación tiene la oportunidad de verse reflejada en el espejo de la Azoka, que ha estado y está entrelazado con la vida social y cultural de su época ofreciendo una respuesta productiva y estimuladora en cada tiempo y en cada momento. El desarrollo tecnológico es imparable. Es por ello que siempre persiste esa inquietud de cómo afrontar los nuevos hitos en un mundo de cambios constantes y donde toca abordar y atraer el imaginario de la juventud al euskera.

El cartel de esta 52 edición diseñado por el pintor José Antonio Sistiaga nos propone un viaje galáctico del mundo creativo. De esta forma se explica Nerea Mujika, presidenta de Gerediaga: «Nuestro territorio no es un territorio común, no tiene fronteras, se extiende hasta el lugar donde llega la creatividad y es la cultura la base de este territorio y el euskera su eje». Vivamos pues con intensidad este Sormenaren Lurraldea: territorio de la creatividad. Este año no habrá entrega de la argizaiola como elemento simbólico tradicional de aportación a personas merecedoras por su contribución a la cultura vasca, sin olvidar tal aportación en ese viaje al pasado, los organizadores han decidido explorar todas las posibilidades creativas e iniciar un viaje galáctico hacia el futuro. El imaginario euskaldun tiene una larga trayectoria y en Durango se verá estos días que la actividad cultural vasca es la grandeza de un pequeño universo en el que merece la pena adentrarse en ese enriquecedor viaje.

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