El vasco que no pudo ser

El personaje que consiguió introducir el 'hecho diferencial' en la legislación española fue expulsado de 'la República de los hidalgos'

JUAN AGUIRRE

Dando por bueno el supuesto de que los naturales del país descendían directamente de Túbal, nieto de Noé y líder de los primeros pobladores de la Península, los íberos, quien introdujo la fe en un Dios único, reglamentó usos y costumbres como piedra basal de la foralidad, y además hablaba en una de las lenguas de Babel, el euskera, por todo esto el vasco se dio en considerar como un pueblo cualitativamente singular.

Con ese trasfondo mítico, a partir del siglo XVI todos los nacidos en el señorío de Bizkaia y la provincia de Gipuzkoa se elevaron a la categoría de nobles. Ello implicaba una serie de privilegios: exención de cargas señoriales y del pago de determinados tributos, garantías frente a arbitrariedades judiciales y un estatus honorífico. A su vez, cualquiera que quisiera residir aquí debía probar 'limpieza de sangre', es decir que en su linaje familiar no había judíos, musulmanes, conversos ni agotes.

Contra la asimetría jurídica que representaba la hidalguía universal de los vascos se posicionaron las altas instancias de la magistratura castellana. Y entonces entró en escena Andrés Poza Yarza. Nacido en Flandes de padres éuskaros, se formó en las universidades de Lovaina y Salamanca en leyes, cosmografía, geografía y lingüística, en San Sebastián impartió en la escuela de náutica y en Bilbao ejerció como asesor legal. Poza redactó el famoso dictamen en defensa de la hidalguía local identificándola con una nobleza media basada, no en la presunción de grandeza, sino en el trabajo y la contribución igualitaria al esfuerzo imperial.

Pues mientras los aristócratas castellanos consideraban viles los oficios manuales, la hidalguía que se generalizó entre nosotros afincaba en la laboriosidad. Lo explica el historiador y jurista Jon Arrieta Alberdi: «La nobleza que defiende Poza no es la de quienes rechazan, precisamente por innoble, el trabajo manual o los oficios 'viles', sino la de quienes hacen que Vizcaya sea 'el escudo y muro de las Españas'» gracias a las armas que en ella se fabrican. Argumentos que se impusieron en la controversia atendiendo a las ventajas que el ennoblecimiento vasco comportaba para la Monarquía compleja de los Austria.

Esta historia acaba en paradoja. Pues el personaje que consiguió introducir el 'hecho diferencial' étnico, jurídico y político en la legislación española fue expulsado de la 'República de hidalgos' en atención a las prerrogativas que él mismo tan brillantemente defendió. El licenciado Poza no pudo probar que su sangre estaba completamente 'limpia' de antecedentes conversos y hubo de marcharse a vivir fuera del solar de sus mayores.

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