La urgencia de actuar contra la violencia de género

MANUEL LEZERTUAArarteko

Suenan todavía en nuestros corazones el dolor, el desgarro, la impotencia y la rabia, causados por los últimos asesinatos machistas ocurridos durante este mismo mes. En un caso, contra una mujer que había denunciado a su ex pareja y agresor -en presencia del hijo común-, y en el otro, contra una niña de dos años, asesinada por su propio padre. Ambos casos han puesto de relieve que el sistema está fallando en lo esencial. Nuestros mecanismos de protección están siendo ineficaces a la hora de evitar la muerte de seres inocentes, que el Estado, y la sociedad en su conjunto, debían de haber protegido, aún más cuando la propia víctima había activado adecuadamente, en uno de estos casos, los mecanismos para ello.

La lucha para erradicar la execrable lacra social de la violencia de género exige firmeza y rotundidad en el compromiso institucional y social contra el machismo patriarcal, como ideología y sistema de valores que la sustenta. Pero también requiere una severa autocrítica, una reflexión en profundidad sobre la suficiencia del entramado de medidas existentes para prevenir la violencia contra las mujeres, y para apoyar adecuadamente a quienes la sufren.

El pacto de Estado acordado recientemente en el Congreso de los Diputados, orientado a comprometer más activamente al Estado en la lucha contra cualquier forma de violencia que sufren las mujeres por el hecho de ser mujeres, sienta las bases para avanzar en este difícil camino, al incorporar medidas que diversos sectores reclamaban desde hace tiempo como urgentes. Entre las más de 200 medidas aprobadas, cabe destacar:

Una nueva definición de violencia de género, que se amplía a todos los tipos de violencia contra las mujeres contempladas en el Convenio de Estambul, incluyendo no sólo la violencia física, psicológica y sexual, sino también la violación, la mutilación genital femenina, el matrimonio forzado, el acoso sexual y el acoso por razones de género, la esterilización y el aborto forzados.

Mecanismos de protección para los hijos e hijas de las mujeres que sufren la violencia machista, como víctimas directas, incluyéndolos en las valoraciones de riesgo de las mujeres víctimas, así como la consideración de víctimas de violencia machista a aquellas mujeres cuyos hijos o hijas han sido asesinados por sus parejas o ex parejas.

Distintas medidas judiciales suplementarias orientadas a lograr una mayor efectividad en la asistencia y protección de las víctimas, y refuerzo de la protección policial mediante el aumento de unidades especializadas en esta materia.

Con todo, la aplicación de todas estas medidas requiere una dotación financiera que aún no ha sido aprobada, y pende de medidas legislativas cuyo procedimiento aún no se ha iniciado. A nadie se le escapa la urgencia de su adopción.

El Ararteko es consciente de la firme voluntad de las instituciones vascas para mejorar constantemente la atención a las mujeres y niños y niñas que sufren esta clase de violencia. Aun así, en este Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, parece necesario insistir en que Euskadi debe también avanzar con premura y decisión en este ámbito, ejerciendo todas sus competencias independientemente del avance de las reformas propuestas en el ámbito estatal. Urge un sólido compromiso de todas las instituciones firmantes del acuerdo interinstitucional actualmente vigente en Euskadi para plantear su revisión, dotándolo de bases más sólidas en favor de la indispensable coordinación institucional contra la violencia de género. Igualmente, conviene establecer con claridad en las agendas políticas vascas la prioridad de acometer las reformas o iniciativas legislativas necesarias, orientadas a asegurar e intensificar la efectiva atención, apoyo y protección de las víctimas en los ámbitos propios de intervención de nuestras administraciones autónoma, forales y locales: singularmente en materia de servicios sociales, educación, sanidad, y protección policial.

Las vidas de muchas mujeres, niñas y niños dependen de ello. Sin desconocer las innegables dificultades técnicas y financieras que plantea la necesidad de alcanzar consensos, lo cierto es que estas personas no pueden seguir esperando.

El 25 de noviembre invita a recordar en nuestros corazones y en nuestros propósitos a tantas mujeres, niños y niñas, que se han dejado ya la vida como consecuencia de la sinrazón de un machismo terrorífico y asesino. Debemos recordar también que existen entre nosotros, aquí y ahora, mujeres, niñas y niños, que sobreviven atenazados por el miedo a la sinrazón de la violencia machista. Seres humanos con su dignidad mermada, con sus derechos y libertades cercenados amenazados, ultrajados, en un entorno dominado por ese mismo terror. Priorizar significa ser conscientes de que cada minuto es una valiosa oportunidad democrática para restaurar una ciudadanía digna para estas personas. De asegurar, en última instancia, su derecho a disfrutar de una vida plena, sin miedo ni acoso, en libertad.

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