Todopoderoso caballero

La mercantalización extrema tiende a desgradar la condición humana

JUAN AGUIRRE

El nuevo premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales, Michael J. Sandel, es autor de 'Lo que el dinero no puede comprar', ensayo recomendable para cualquier persona que se interrogue sobre las consecuencias del triunfo del modelo neoliberal. Su tesis es que hemos pasado de 'tener' una economía de mercado a 'ser' una sociedad de mercado. La diferencia es más que verbal. El mercado es una herramienta, a todas luces valiosa y eficaz, para la organización de la actividad productiva. Pero una 'sociedad de mercado' es un exceso: los valores mercantiles penetran en cada aspecto de las actividades humanas, y las relaciones sociales se convierten en prolongaciones de las relaciones utilitaristas. Todo puede tener un precio. El libro despliega un catálogo de cosas que hoy se ponen en venta y que anteriormente nos habrían parecido innegociables: vientres de alquiler, regulaciones de nacionalidad, celdas de lujo para reclusos adinerados, derecho a contaminar la atmósfera o a cazar especies en peligro de extinción. También hay formas innovadoras de ganar dinero que en otro contexto producirían repulsión: comprar el seguro de una persona enferma o anciana para, a su muerte, cobrar la póliza; hacer cola durante horas en sustitución de alguien que quiere disfrutar de un espectáculo sin pasar por ese engorro; ir a guerrear a un país remoto a sueldo de una empresa militar privada; o tatuarse un anuncio publicitario en un lugar visible del cuerpo. Sandel ayuda a repensar el papel de los mercados en nuestra vida cotidiana. Y se pregunta: ¿por qué nos debe preocupar que vayamos hacia una sociedad en la que todo está en venta? A lo que responde: porque en ese proceso el dinero adquiere la mayor de las importancias y ahonda la brecha entre ricos y pobres. Porque contribuye al desprestigio de lo público. Y porque, además de eso, poner precio a las cosas buenas de la vida puede corromperlas. Y algo más: si sagrado es aquello que se separa del mundo de los objetos y del encadenamiento producción/consumo para preservarlo como expresión de espiritualidad, la mercantilización extrema, al negar toda sacralidad, tiende a degradar la condición humana. Una sociedad se define por sus propósitos trascendentes, lo que va más allá del mero producir, alimentarse, vestirse... Cada civilización ha tenido una motivación, unos valores de carácter religioso o ético, el honor o la patria, algo a lo que ha subordinado su vida material. El éxito último del modo neoliberal, en gran medida, es haber acabado con eso; fuera del beneficio económico no hay propósito. Lo que el 'poderoso caballero' no puede comprar es cada vez menos.

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