EL TIEMPO, ¿LO CURA TODO?

El proverbio carece de validez ante un problema empresarial porque las dificultades pueden crecer y requieren sensatez y coherencia para resolverlo

Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

Dice el proverbio que el tiempo lo cura todo. Parece ser que la sabiduría popular se refiere a los aspectos espirituales, a esos que suceden en el territorio del alma como las desgracias familiares y los desengaños amorosos, pero es evidente que no se puede elevar el adagio a categoría universal, dado que no siempre las cosa discurren de ese modo. Sin embargo, en el terreno de la economía, el tiempo sí es una variable importantísima que cura cantidad de enfermedades. En el periódico del viernes teníamos dos buenos ejemplos.

Empecemos por el desastre de las autopistas, fundamentalmente de las radiales, pero no solo. Como recordarán, unos cálculos de tráficos esperados, manifiestamente exagerados, realizados en los tiempo de la bonanza, cuando pensábamos que la fiesta sería eterna, condujo a la construcción de una red de infraestructuras alrededor de Madrid que se compara, con insultante ventaja, con cualquier capital del mundo de semejante o mayor tamaño. Más tarde, cuando la realidad de las cosas pinchó los ánimos y desbarató los cálculos, las empresas han quebrado al obtener unos ingresos por peajes que no alcanzan, ni de lejos, para devolver los abultados créditos que se pidieron para financiar las obras del faraón.

Los términos de las concesiones iniciales obligan a que, cuando el negocio deriva de esa manera, las empresas recaen en el maternal regazo del Estado quien tiene que hacer frente a los créditos, una vez adelgazados tras el proceso de quiebra. ¿Cómo evitar que esa actitud penalice en exceso a los objetivos del déficit público? Pues aquí llega el tiempo en nuestro auxilio. Se vuelven a licitar las concesiones y se alarga el plazo de concesión todo lo que haga falta para que surjan nuevos interesados en el negocio. Esta vez, amparados en un entorno de tipos de interés muy benévolo y en una recuperación económica que, de momento, no desfallece y que, se supone, incrementará los tráficos. La solución constata el fracaso de los cálculos iniciales ¿Ha pagado alguien por ello? Pero permite la utilización de unas infraestructuras que algún día tendrá un tráfico de la intensidad prevista.

Otro ejemplo del viernes. Si han hablado alguna vez con algún inversor en Bolsa sabrá que, con gran frecuencia, les pasa como a los pescadores o los cazadores, cuando el tamaño de la pieza cobrada crece según cuentan la hazaña a sus amigos. En la Bolsa, cualquier inversión puede salir bien o mal si se elige con cuidado el momento inicial y el final de la comparación. El tiempo que lo cura todo. El viernes supimos que el FROB ha cubierto ya su pérdida inicial de 1.100 millones de euros registrada en el banco BMN y todo gracias a la subida operada en la cotización de Bankia, una vez fusionadas ambas. Nada menos que 1.632 millones. El paso del tiempo ha convertido lo que parecía un mal negocio inicial, fruto de la necesidad del Gobierno y de las urgencias regulatorias, en uno estupendo. Aunque, siendo justos, habría que añadir a la ecuación del tiempo la confianza de los inversores en la gestión actual de Bankia.

Así que, ¿El tiempo lo cura todo? Pues no. Sin duda es una variable a considerar con atención, pero ¡cuidado!, si tiene un problema empresarial, no se relaje. Vean lo que está pasando estos días con tantas empresas -Edesa, General Electric, Xey, CEL, la Naval...-, cuyos problemas han ido creciendo con el paso del tiempo, sin que hayan encontrado en él el bálsamo que las salve. En resumen, el tiempo es necesario para consolidar muchas actuaciones, pero, él solo, no puede con todo. Ni mucho menos. Necesita la ayuda de la sensatez y el apoyo de la coherencia.

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