El Rif y el terrorismo yihadista

Es en ese caldo de cultivo de jóvenes desarraigados de origen rifeño, relacionados con las drogas y amparados por el silencio familiar, donde se producen muchos casos de radicalismo yihadista

RAMÓN JIMÉNEZ FRAILEPERIODISTA E HISTORIADOR RESIDENTE EN BÉLGICA

En agosto de 1984, ETA hizo estallar un coche bomba junto al Palacio de Justicia de la ciudad belga de Amberes. Era el primer atentado de la banda fuera de España y lo cometió en respuesta a las extradiciones de varios etarras acordadas por Bélgica, ejemplo que seguirían más tarde Francia y el resto de países europeos.

Por aquel entonces, yo era corresponsal de la agencia Efe en Bruselas y logré ser recibido por el juez instructor de la causa. Para mi desesperación, apenas quiso responder a mis preguntas, aunque me pidió que permaneciera en su despacho. Tras desplegar un mapa de Europa y apuntar con su dedo a Cataluña, donde él pensaba que estaba el País Vasco, me dijo que le explicara el conflicto vasco.

Recuerdo que le hablé de un idioma singular, de un pueblo milenario que había subsistido en una región montañosa con valles aislados, del bombardeo nazi de Gernika, de la resistencia antifranquista. También le comenté la existencia en Bélgica de una diáspora vasca originaria de refugiados de la Guerra Civil española (los 'niños de la guerra').

Estaba claro que ni él como juez ni yo como reportero buscábamos justificar atentados, pero ambos sentíamos la necesidad de entender el por qué del recurso a la violencia por parte de unos veinteañeros capaces de sacrificar sus vidas -a costa de suprimir las de otros- a una causa en la que creían de manera fanática.

Tres décadas después de aquel atentado, es el terrorismo yihadista el que golpea Europa, siendo Bélgica un lugar clave en la geopolítica del terror en cuanto vivero de jóvenes radicalizados. Esta vez, quien quiera entender las raíces de este fenómeno terrorista no debe echar mano de un mapa de Europa, sino del mundo musulmán y, en concreto, del norte de África, en particular de las montañas del Rif, en Marruecos.

Escuchando recientemente al francés Pierre Vermeren, profesor de historia del Magreb en la Universidad de la Sorbona, caí en la cuenta de la importancia que tiene el Rif en el fenómeno del terrorismo yihadista en Europa. Para empezar, de los 700.000 musulmanes que residen en Bélgica, 500.000 son de origen rifeño, la gran mayoría manteniendo sus dialectos y costumbres bereberes. «Conocer la historia reciente del Rif -afirma Vermeren- debe ayudarnos a comprender la violencia y la indiferencia hacia la muerte de una parte de su juventud».

A decir verdad, los españoles conocemos poco, o nada, del Rif, pese a que este territorio montañoso del actual Marruecos, en el que se encajan Ceuta y Melilla y que se extiende hacia el Este hasta la frontera con Argelia, fue Protectorado español entre 1912 y 1956 (y en mi caso, pese a que mi abuelo materno combatió en el Rif).

El líder rifeño Abd El-Krim capitaneó a las tribus bereberes que se levantaron contra las tropas españolas a las que vencieron clamorosamente en 1921 en Annual, donde 13.000 españoles perdieron la vida. Como castigo, durante los cinco años que siguieron al desastre de Annual, el Rif fue objeto de bombardeos sistemáticos a base de gas sarín producido en Alemania.

Con la independencia, en 1956, Marruecos obtuvo la soberanía sobre el Rif, cuyas tribus no tardaron en rebelarse contra su nuevo amo. En 1958, una revuelta del Rif contra Rabat se saldó con unos 8.000 rifeños muertos, muchos de ellos a causa del napalm utilizado contra ellos por Marruecos con la ayuda de Francia. Sofocada la rebelión se inició un largo período de castigo oficial contra las poblaciones rifeñas, abandonadas a su suerte.

Fue la ausencia de porvenir en el Rif lo que impulsó a muchos de sus habitantes a emigrar a España (empezando por Ceuta y Melilla, donde la población de origen marroquí es mayoritariamente rifeña y poco amiga de Marruecos) y a zonas industriales del norte de Francia. Y fue la crisis económica del Norte de Francia, lo que -según Pierre Vermeren- llevó a Bélgica a gran cantidad de emigrantes rifeños.

Dado que la única economía floreciente en el Rif ha sido tradicionalmente la relacionada con el cultivo de marihuana, «las comunidades de emigrantes rifeños se convirtieron con el tiempo en la red más importante de producción y distribución de esta droga», recuerda Vermeren.

Es en este caldo de cultivo de jóvenes desarraigados de origen rifeño, relacionados con las drogas y amparados por la ley del silencio que impera en las familias y comunidades bereberes, que se producen muchos de los casos de radicalismo yihadista en Europa. En dicho fenómeno juegan un papel esencial individuos como Abdelbaki Es Satty, el llamado 'imam de Ripoll', capaz de enlazar el discurso de la guerra santa musulmana con el irredentismo rifeño, tal como en su día los ideólogos etarras situaban el conflicto vasco en el marco de la lucha armada revolucionaria a nivel planetario.

Abdelbaki Es Satty, originario de Chefchaouen, en pleno Rif (los periodistas que han visitado su casa han podido contemplar su enorme plantación de marihuana), intentó en 2016 ser admitido como imam en un barrio de Bruselas, pero Bélgica le expulsó del país por sus antecedentes de tráfico de drogas en España.

«Los predicadores -de los que el rifeño Es Satty es un ejemplo paradigmático- explican a los jóvenes delincuentes o que han dejado de ser buenos musulmanes que deben expiar sus pecados, que Alá será misericordioso con ellos si vuelven a la fe. La visión del mundo de los jóvenes radicalizados es la que les inculcan dichos predicadores sobre un fondo de visión apocalíptica y maniquea de fin de Occidente y triunfo del islam», señala Vermeren.

Nos podrán parecer ingenuos o ilusorios estos planteamientos, pero a buen seguro que muchos etarras -incluidos los que hace 30 años sembraron de cadáveres el supermercado Hipercor de Barcelona- estaban convencidos en su día de que no sólo contemplarían la independencia de Euskadi, sino también el fin del capitalismo y el triunfo del comunismo.

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