Techo de cristal y cotidianeidad femenina

La visibilización en el Gobierno de mujeres consideradas capaces y preparadas para desempeñar altas responsabilidades ayuda a inculcar valores que debilitan ideas machistas

MARÍA TERESA BAZOCatedrática de Sociología

Los nombramientos del gabinete ministerial del presidente señor Sánchez, que recaen mayoritariamente en mujeres, está llamando la atención de los medios. No es porque en estos años de democracia no haya habido mujeres en puestos relevantes -Esperanza Aguirre fue la primera mujer presidenta de una comunidad autónoma, y presidenta del Senado- y posteriormente hemos tenido oportunidad para acostumbrarnos a ver mujeres en todos los ámbitos políticos. Aún no hemos tenido una mujer presidenta de Gobierno. Es sobre todo porque en este gabinete predominan las mujeres sobre los varones. También es un hecho que los medios tratan de indagar en las biografías y currículos de las ministras, si son personas solventes en las que se pueda confiar para lograr el buen gobierno de España. Todo ha cambiado pero aún hay quien puede considerar que las mujeres no son dignas de ocupar ciertos puestos y desempeñar determinadas funciones. O creer que ellas deben tener capacidades muy superiores a los varones. Pensar así ya está mal visto socialmente. Es un paso importante, indica que valores nuevos se están introduciendo en el comportamiento social. En el caso del Gobierno parece que los comentarios sobre ellas, y ellos, son positivos.

Esa visibilización en el Gobierno de mujeres que se considera capaces, formadas y preparadas para desempeñar altas responsabilidades, ayuda a inculcar valores que contribuyen a debilitar las ideas machistas sobre el menor valor económico, social e intelectual de las mujeres per se. Así, aunque el caso de las ministras no es por desgracia la generalidad en nuestro país como se verá más adelante, contribuye a mejorar con el tiempo, las condiciones de vida de las mujeres. Las mujeres necesitan igualdad de medios y oportunidades. El feminismo a estas alturas del siglo XXI no tiene porqué mostrarse agresivo con los varones, a los que parece que por el hecho de nacer perteneciendo al sexo masculino ya son sospechosos y reos de cualquier tropelía que pueda cometer un individuo o miles de entre ellos. El ser humano, como el resto de la Naturaleza, es muy variado. Esto se ve muy claro con respecto a las personas pertenecientes al grupo denominado LGBTI, pero parece que las mujeres son un grupo homogéneo con unas determinadas características y los varones también. Nada más lejos de la realidad. Sobre las personas mayores hace mucho tiempo que se sabe que el envejecimiento es un proceso esencialmente individual. Depende de la gran variedad de características biológicas, psicológicas, y sociales que en su entramado van conformando la vida de cada persona.

Entiendo que es lo fundamental que una serie de características estructurales deben ser modificadas si se quiere llegar a una igualdad de trato para mujeres y varones. Veamos algunos rasgos que caracterizan las vidas de las mujeres respecto a los varones. En alguna publicación del INE comparando a mujeres y varones en ciertos aspectos, se observan claramente las diferencias, que se convierten en desigualdades entre unos y otras. Las mujeres tienen una esperanza de vida superior a la de los varones, tanto al nacimiento, como a los 65 años. Pero ellas desde la adolescencia se sienten peor de salud que lo que se sienten los chicos. Y así sigue ocurriendo. No se trata solo de su percepción subjetiva. Es que la esperanza de vida en buena salud, el número de años para las mujeres es ligeramente inferior a la de los varones, tanto al nacimiento como a los 65 años. Aún más: el porcentaje de años en buena salud con respecto a la esperanza de vida es inferior en las mujeres respecto a los varones al nacimiento, y sobre todo a los 65 años, unos 12 puntos porcentuales menos. Viven más años pero en peor estado de salud. En cuanto a la modalidad de trabajo las mujeres ocupadas a tiempo parcial superan a los varones. Al preguntarles por las razones se aducen varias, pero la mayor diferencia es cuando se dice que es para cuidar de menores o personas con discapacidad, ya que lo declara casi la quinta parte de las mujeres que trabajan a tiempo parcial y no llega esa respuesta ni al 2% entre los varones.

Interesante es analizar otro aspecto. La relación entre número de hijos/as y ocupación por género. En los varones la relación es directa: cuando tienen uno o dos hijos su tasa de empleo se eleva. En el caso de las mujeres, además de que incluso las que no tienen descendencia su tasa de empleo es inferior a la de los varones en la misma situación, la tasa disminuye crecientemente conforme más hijos/as tienen. El análisis somero de estas cuestiones conduce a entender porque la pobreza relativa entre las mujeres a cualquier edad es mayor que entre los varones, diferencias que pueden ser mayores o menores por grupo de edad. Llegando a este punto terminaré señalando como desde ciertos movimientos de mujeres ancianas se sostiene, que el camino a la pobreza en la vejez comienza para muchas mujeres el primer día que trabajan. De cara al futuro muchas mujeres jóvenes en la actualidad pueden estar labrándose una vejez parecida a la de muchas mujeres ancianas de hoy, si tienen dificultades para encontrar un empleo, trabajando a tiempo parcial, abandonando el mercado de trabajo para criar y educar a una familia, o para atender a personas que sufren dependencia.

Es en la educación de las mujeres y en la incidencia en estos aspectos estructurales, junto con el cambio de valores, donde quizá se pueda hacer más para lograr una mayor igualdad entre mujeres y varones.

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