La socialdemocracia, cuesta abajo

DIEGO CARCEDO

Las elecciones alemanas han confirmado que la socialdemocracia en Europa atraviesa los peores momentos de su historia reciente. El 20% logrado en esos comicios, después de haber sido el partido del Gobierno y durante tantos años la alternancia en el poder, raya en el descalabro. Ni siquiera con Martin Schulz, el líder de la izquierda que desde la presidencia del Parlamento Europeo más descolló en los últimos tiempos en la política continental, el partido consiguió capitalizar el cansancio de Angela Merkel ni menos aún los malos recuerdos de la crisis económica. Algo que sí ha logrado la extrema derecha tras ondear su repugnante xenofobia y eurofobia.

Pero lo ocurrido en Alemania el domingo ni siquiera es un ejemplo o un aviso de la cuesta abajo en que la socialdemocracia ha entrado. La pérdida de influencia como alternativa y los malos resultados en las urnas ya se venían repitiendo en los principales países de la Unión. Queda muy lejos aquellos tiempos en que en Reino Unido gobernaban los laboristas de Tony Blair o Gordon Brawn; en Alemania, Schröeder; en España, Felipe González o Zapatero; en Italia, Prodi; en Portugal Soares o Sampaio; en Francia, Holande; en Grecia, Papandreu...

Precisamente fue en la Grecia de Papandreu donde la socialdemocracia sufrió el primer gran batacazo hasta el extremo de quedar reducido a un partido testimonial. En el resto de los países sus dirigentes no supieron frenar el deterioro ni aprovechar la oportunidad que les brindaba reaccionar ante la gestión de la crisis que estaban liderando con graves costes sociales los partidos conservadores. Y menos aún consiguió hacer frente a la pujanza del descontento tutelado por las organizaciones populistas, tanto de izquierdas como de derechas.

Solo en Portugal, donde los socialistas consiguieron el respaldo de otros partidos de izquierdas, sigue en el poder y sin ceder nada importante de su programa y trayectoria. En el resto de países de la Unión Europea, poco menos que ha sido borrado del mapa político, como ocurre en Francia, o se ha perdido en la 'melé' del 'Brexit', como sucede en Reino Unido con el laborismo sin rumbo de Jeremy Corbyn, o divaga participando en precario en algún Gobierno. En España, busca recolocarse en un espacio que no acaba de encontrar. Las razones de esta crisis son varias y quizás entre todas la clave esté en la ausencia de buenos líderes capaces de asumir con éxito la herencia de las generaciones que con figuras de la talla de Billy Brant, Miterrand, Olof Palme, González, Soares, Delors o Blair les precedieron. La otra seguramente radica en la falta de acierto con el que la izquierda moderada supo evolucionar y adaptarse a las exigencias de los nuevos tiempos. Algunos de estos líderes parece que siguen sin enterarse que hacer política no consiste solo en ganar elecciones. En la actualidad, el progreso social depende de otros parámetros.

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