Sobre la incertidumbre y el cambio climático

ADOLFO URIARTE Director general de Azti

Nuestra respuesta al cambio climático, en cuanto a las medidas de mitigación a aplicar y sobre las necesidades de desarrollar mecanismos de adaptación, se ve lastrada por la incertidumbre. Una incertidumbre capaz, en muchos casos, de paralizar las acciones preventivas y adaptativas necesarias que, de demorarse, incrementarían no sólo el gasto de su futura ejecución sino también la factibilidad de llevarlas a cabo.

Por un lado, está la incertidumbre sembrada por los negacionistas (que todo lo ponen en duda) o por las teorías conspiranoicas (que incluso llegan a afirmar que son un invento de los científicos para tener algo que hacer). Por otro, la incertidumbre impulsada por los intereses torticeros de los grandes lobbies petroleros, energéticos e industriales en general, que ven amenazados sus negocios con el cambio de modelo energético propuesto por los científicos para minimizar el efecto del ser humano sobre el cambio climático. Mentiras y más mentiras que se repiten mil veces pero que, no por mucho repetir se convertirán en realidad, al menos no para los que nos resistimos a los adoctrinamientos basados en creencias o intereses privados.

Pero hablemos de otra incertidumbre, y esta nos afecta de lleno al mundo científico. Somos los primeros en reconocer que las predicciones de nuestros modelos tienen mucha variabilidad, lo que a menudo se traduce en incertidumbre. Pequeños errores debidos a la imposibilidad, hoy por hoy, de representar todos los procesos a pequeña escala, hacen que nuestros modelos predictivos presenten diferencias significativas. La capacidad de procesamiento, pero sobre todo las limitaciones de conocimiento científico que admitimos tener son las principales razones para ello. Desafortunadamente esta incertidumbre se traduce en la incredulidad de muchos. No queda otra que identificar aquellos indicadores cuya conexión con el cambio climático es aceptada por el mundo científico.

La observación es crítica: necesitamos recopilar la mayor cantidad de información posible para tener bases de datos lo suficientemente largas como para identificar tendencias globales. Si no lo hacemos, las generaciones venideras nos lo reprocharán. En eso estamos, y en eso está también la Diputación Foral de Gipuzkoa, en establecer un observatorio para verificar el cambio climático en aquellos parámetros que puedan afectar al territorio y poder así anticiparse y tomar medidas que minimicen sus consecuencias.

Empezamos a vislumbrar acciones, como por ejemplo la ingeniería basada en la naturaleza, que otorga una mayor resiliencia al medio. Pero aún queda mucho recorrido por andar. UHINAK, el congreso sobre cambio climático y litoral que se celebrará hoy y mañana en Ficoba, Irun, constituye un nuevo paso en este camino donde gestores, científicos y empresas compartirán conocimiento y avanzarán conjuntamente en posibles soluciones que minimicen los impactos.

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