Shinzo Abe tiene un plan

ENRIQUE VÁZQUEZ

El próximo domingo el presidente Trump llega a un Japón que estrena parlamento y gobierno, aunque no primer ministro: Shinzo Abe, al frente del el incombustible Partido Liberal Democrático y en una fructífera alianza con el novedoso ‘Partido de la Innovación’ obtuvo la mayoría absoluta y tiene el campo libre para abordar con más margen la eventualidad de hacer del país una gran potencia militar que pueda enfrentarse a Corea del Norte.

Este asunto, ya casi tan viejo para los japoneses como la posthistoria de la II Guerra Mundial y la guerra de Corea (1950-53) sigue sobre el escenario y en el Japón tienen argumentos para explicarlo: el extravagante régimen norcoreano ha aumentado sin cesar sus provocaciones con los ensayos de misiles con capacidad nuclear que son lanzados para sobrevolar tierra o mar de soberanía nipona. Como si fuera una decisión sopesada los ensayos y la retórica oficial con que se acompañan han aumentado y se han hecho más crudos y belicistas que nunca.

No es fácil ni tal vez adecuado atribuir a la consolidación de una pulsión nacionalista y defensiva del público nipón la victoria de Abe quien, por lo demás, es un producto típico del viejo PLD, que ha gobernando casi ininterrumpidamente desde el fin de la II Guerra Mundial y modelado al país con el éxito conocido. Pero, con un tono cada vez más desinhibido, el Gobierno de Tokyo muestra su determinación de acabar con la pesadilla norcoreana y cree tener en la Administración Trump un socio más sensible y cercano que nunca. Esto, además de no estar formal y oficialmente refrendado, más allá de los comentarios retóricos del presidente Trump, a quien suelen enmendar cortésmente la plana los sobrios comunicados oficiales de Defensa o el Departamento de Estado, no es ni tan seguro ni está tan respaldado por la opinión japonesa. Y la razón es tan clara y tan respetable como el recuerdo imborrable que la memoria colectiva nipona conserva de los bombardeos atómicos norteamericanos de Hiroshima y Nakasaki en agosto de 1945. Impresiona todavía ver qué gran y respetada influencia social conservan las entidades opuestas a toda posibilidad de rearme nuclear.

En este registro impresiona anotar qué respeto suscitan y que influencia social mantienen los hibakusha (la palabra japonesa para describir a los afectados por las bombas nucleares). Se añade el desastre de la central atómica de Fukushima en marzo de 2011, que permitió comprobar una incomprensible lenidad oficial en todas las fases del arriesgado proyecto. Es en este contexto en el que las provocaciones norcoreanas son percibidas en Japón. Los gobiernos Abe han sido moderados y sensibles sobre el particular y ahora son, más a ras de suelo, sospechosos de utilizar las provocaciones del programa balístico norcoreano como una herramienta en realidad subsidiaria para mover a la opinión en la nueva legislatura con un programa económico de envergadura. Japón, una superpotencia industrial con bajísimo paro, es también una nación excesivamente endeudada: debe la módica suma de casi diez mil millones de millones de euros. Sí, ha leído bien: millones de millones... que va pagando religiosamente.

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