Un señuelo en la chistera

La 'mano tendida' del Gobierno español sobre el diálogo estatutario implica un guiño al PNV, pero el desbloqueo se dirime primero en Cataluña

Alberto Surio
ALBERTO SURIO

Javier de Andrés ha sacado de la chistera un guiño político al Gobierno Vasco y al PNV al mostrar la voluntad del Gobierno central de abrir una negociación sobre la transferencia de prisiones y la del régimen económico de la Seguridad Social dentro del marco de la Constitución. Es un gesto que intenta desbloquear un clima y que reactiva ese mantra que es el 'cumplimiento' del Estatuto en la política vasca. La crisis catalana de los últimos meses había bloqueado las expectativas de un diálogo institucional entre el Gobierno Vasco y la Administración General del Estado en torno al listado de transferencias pendientes. Puede que, en breve, después de la constitución de un nuevo Govern en Cataluña, se despeje el paisaje y el artículo 155 de la Constitución quede en la práctica desactivado. Pero nadie tiene una bola de cristal para adivinar este futuro, ni siquiera a corto plazo. El retorno al campo de juego de la legalidad no es una condición suficiente para ese regreso al pragmatismo. Pero sí es necesaria.

La oferta suena a táctica para romper la incomunicación y, se reconozca o no, tendrá vasos comunicantes con la negociación de los Presupuestos Generales del Estado con los jeltzales. Rescata una cuestión pendiente hace tiempo, de gran calado político, que suscita recelos considerables. El PNV debe marcar sus ritmos en la negociación y exhibir una puesta en escena que proteja sus intereses para amortiguar las críticas que EH Bildu, sobre todo, le puede dirigir desde el flanco más abertzale. Y sobre todo necesita que se despeje cualquier ambiente de excepcionalidad en Cataluña. La hipótesis de un diálogo que facilite esos traspasos se antoja como el señuelo para romper el deshielo sobre «el pleno y leal desarrollo del Estatuto», que era el latiguillo retórico que se utilizaba en el pasado y en el que parte del nacionalismo vasco dejó de creer para abrazar el soberanismo.

Al Gobierno del PP le interesa seducir a los jeltzales para recuperar al PNV al tablero negociador. Cuando De Andrés dice que está dispuesto a trazar puntos de encuentro sobre el traspaso de las prisiones y el régimen económico de la Seguridad Social exhibe una mano tendida de voluntad negociadora que obligará al Ejecutivo autónomo a responder con cierta contención y proporcionalidad sin caer en el tópico ni en el desprecio precipitado.

Las palabras de De Andrés tienen la virtualidad de volver a poner en el carril una locomotora en la que su motor se había quedado gripado. No hay novedades de fondo, pero la disposición a sentarse a hablar para explorar acuerdos tampoco debe minusvalorarse. A nadie se le exige una renuncia a sus objetivos últimos. El PNV ya ha aceptado en su programa de gobierno con el PSE que la transferencia del régimen económico de la Seguridad Social, tal como se recoge en el Estatuto, no implica la ruptura de la 'caja única'. Eso no quiere decir que acepte como objetivo finalista ese escenario, pero sí lo admite en este momento como la única salida viable. La formulación literal del Estatuto es lo suficientemente ambigua para evitar que nadie se pille los dedos. El Estado se reservará la capacidad de decisión sobre el tipo de pensiones que se prestan y su cuantía, con independencia de que sea el Gobierno Vasco el que tramitaría administrativamente la gestión de las cotizaciones. El asunto toca una fibra muy sensible, entre otras cosas porque ha emergido con profundidad un debate sobre la reforma del sistema de pensiones que lo haga sostenible en el tiempo. La transferencia no puede ser ajeno a esta discusión, que incluye nuevas fórmulas de financiación de las pensiones, por ejemplo con impuestos, más allá del sistema clásico de cotizaciones.

Este va a ser un juego semántico de palabras y una compleja negociación técnica sobre contenidos. Al Gobierno del PP le conviene, y mucho, el apoyo del PNV, pero a medida que pasen los días esta apuesta va a chocar con Ciudadanos, que explotará hasta el final el principio de la 'igualdad' entre todos los pensionistas. La negociación de 2018 empieza a tener ya su guion de trabajo y su reparto de papeles. Y el nuevo año no deja de tener ese aire inconfundible y repetitivo del Día de la Marmota.

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