Retos del futuro

Retos del futuro
PATXI ZABALETA Y REBECA UBERA PRESIDENTE Y SECRETARIA GENERAL DE ARALAR

La ponencia del séptimo congreso de Aralar (que se celebra este sábado en Iruña) se titula 'El reto del futuro'. Se propone la autodisolución y al no recibir enmiendas se votará en sus propios términos. Puede resultar paradójico que una organización que va a debatir, y previsiblemente, acordar su disolución, tenga como preocupación el futuro, pero esa es la perspectiva desde la que se ha hecho la propuesta.

Aralar se ha definido como una sensibilidad de la izquierda abertzale. Entendemos que en el sector abertzale de Euskal Herria existe un centro-derecha que contiene a su vez evidentes diferencias y un centro-izquierda, también amplio y plural, con vocación real de ser mayoritario o de disputar la primera posición a cualquier fuerza política. La mayoría progresista, de izquierda y profundamente democrática de la sociedad vasca es un hecho sociológicamente innegable que aún no ha acabado de tener su reflejo político.

Euskal Herria, como nación en la Europa de los pueblos, necesita abordar los desafíos de futuro con propuestas y esquemas mentales renovados. La actualización democrática de los derechos históricos no puede ser más que el derecho a decidir. Los derechos históricos, como derechos colectivos de carácter político y cuyo sujeto es una comunidad con vocación de futuro y de subsistencia, solo pueden avanzar y defenderse con el derecho a decidir, que es parte indispensable de la democracia; y en el siglo XXI la confrontación entre democracia y legalidad no puede resolverse más que a favor de la democracia. La bilateralidad, como vieja trampa histórica del foralismo y de prácticas y propagandas obsoletas, no puede sostenerse democráticamente más que con el reconocimiento del derecho a decidir. Solo se pacta y solo hay bilateralidad cuando ambas partes tienen derecho a decidir.

Las aportaciones de Aralar en el campo del derecho a decidir han contribuido a la reivindicación de Navarra como ámbito de decisión política, a la par que la comunidad autónoma vasca e Iparralde. El navarrismo (inicialmente reacción vasquista contra el centralismo) ha sido adulterado hasta convertirlo en una franquicia del centralismo, que es el que ha privado a Navarra de sus derechos. Que EH-Bildu, sin dejar de ser abertzale y vasquista, proclame a Navarra como ámbito de decisión política desenmascara al navarrismo españolista y evidencia la fatuidad de la bilateralidad sin derecho a decidir.

La preocupación más sentida en la fundación y vida de Aralar ha sido la paz. Era imprescindible, políticamente y sobre todo social y humanamente, que cristalizase en la izquierda abertzale un movimiento pacifista. Un movimiento en el que el respeto al adversario político se convirtiese en principio básico y en el que la invocación de la igualdad sin exclusiones fuese una reivindicación fundamental. La confrontación social es inherente a la confrontación violenta, que no es sino una de sus expresiones, y es en la superación de la confrontación social donde se gana o se pierde la paz.

Aralar ha acuñado una serie de eslóganes con significado propio; Ezker Abertzale zibila eta zabala; todas las personas, todos los proyectos y todas las ideas; igualdad sin exclusiones; sufrir el dolor del adversario... La labor pedagógica ha dado lugar a confrontaciones ideológicas, pero la invocación de la paz como principio general supremo ha subrayado nuestra andadura.

Teorizamos y proclamamos la imprescindible unilateralidad en la vía hacía la paz, es decir, sin condicionarlo ni supeditarlo a ningún logro político. Este principio de la unilateralidad constituye sin duda una superación -y si se quiere un abandono- de posturas históricas de Euskal Herria, y también a lo largo y ancho del mundo, en las que se ha reclamado como condiciones para la paz la obtención de determinados logros. La unilateralidad, sin embargo, se basa en que cualquier logro de los objetivos estaría contagiado y no sería democráticamente demostrable si se consiguiese a cambio o con ocasión del cese o del uso de la violencia.

Defender la unilateralidad en la paz no significa olvidar ni a las víctimas ni a los presos políticos. El mayor reconocimiento social y político que se puede realizar a la memoria de las víctimas es la paz y precisamente el contenido de la paz en el que se igualan todas las víctimas de todas las violencias; pues solo esa es la aportación de las víctimas que ha de perdurar en la sociedad. De ahí la importancia del principio de «sin exclusiones» y precisamente por ello no llega al nivel exigible de democracia quien discrimina a unas víctimas.

La nueva izquierda y sus propuestas son más necesarias que nunca en esta crisis que solo ha beneficiado a los mejor situados. Aralar se define como ecosocialista y reivindica la necesidad de una «revolución social feminista», en la que la erradicación de la corrupción y la política fiscal justa sean principios ideológicos. La izquierda no tiene todas las respuestas, pero la derecha no se hace preguntas. Ante esa situación de crisis disimulada, y no superada, la reivindicación de las ideas políticas es imprescindible.

El símbolo de la autodisolución de Aralar es punto y coma. Seguiremos como militantes de base y miembros de EH Bildu. Aralar será un episodio que esperamos sea recordado con agrado.

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