Regreso a la pedagogía

IÑAKI ADÚRIZDOCTOR EN FILOSOFÍA Y LETRAS

Qué es la pedagogía sino una ciencia que sirve para la vida? La RAE la define escuetamente como la «ciencia que se ocupa de la educación y la enseñanza», se entiende, está claro, para la vida. ¿Qué sentido tendría, pues, saber mucho de ella si luego no aplicamos sus conocimientos académicos a la vida, a la práctica real de las cosas? Salvando, evidentemente, otros factores a tener en cuenta, creo que esto es lo que ocurre con el tema 'Cataluña'. Casi siempre en cabeza en cuestiones pedagógicas, en nuevas formas de enseñanzas y aprendizajes, en mejoras innovadoras de carácter académico y didáctico, en reflexiones, escritos y publicaciones, que a menudo dan en la diana en asuntos escolares, editados muchos en revistas tradicionalmente señeras de educación y pedagogía.

Pues bien, van y se lanzan, precisamente, por el derrotero más antipedagógico que pueda existir: dirimir los asuntos públicos solo a su gusto, nada más y nada menos que decidir unilateralmente su futuro como país independiente. Es decir, no tener en cuenta para tal destino a todas y cada una de las personas que lo integran. ¿Puede haber, además del manido y secular recurso a la violencia, algo más contrario a la pedagogía que desoír la opinión del conjunto de la población? Porque la pedagogía, además de la breve explicación académica de arriba, ¿qué es sino entrega, diálogo, democracia, liberalidad y apertura de miras?

Y así es. Más allá de la legalidad (lo que dicta la Carta Magna) o de la democracia (en el caso que nos ocupa, poder votar lo que unos quieren), dos términos convertidos de la noche a la mañana en polos irreconciliables a lo ancho y largo del procés, como si la Constitución de 1978 no fuese democrática o la democracia no tuviese nada que ver con la Norma constitucional que tantos esfuerzos costó, aun a sabiendas de que se pueda renovar, digo yo que cualquier gobernante habría de saber que un fin de esta envergadura -la independencia de Cataluña- ha de estar refrendado por los mecanismos legales necesarios en un Estado de derecho. Si no, hasta los más pequeños comprenderían que es una locura y los menos duchos en la materia comprenderían que activar tal proceso, sin pies ni cabeza, resulta ser al final, como decíamos, la antítesis de la pedagogía y, en consecuencia, la inmediata llegada de la frustración y del dolor.

¿Desde cuándo les sirve el despecho y el acaloramiento, la obcecación y la ceguera por heridas del pasado, por pasadas decisiones judiciales, por viejos tratos irrespetuosos con la comunidad, aun sabiendo las consecuencias que aquellos pueden acarrear a las personas que conforman la plural sociedad catalana? Y, justo a causa de esto, ¿desde cuándo les sirve la soterrada frivolidad con que se toman de rebote las cosas de la política? ¿Qué consecuencias está teniendo y tendrá tal comportamiento?

Por de pronto, la declaración de independencia por parte del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en el Parlament, el pasado 10 de octubre, seguida al instante de la propuesta de su suspensión en pos del diálogo, a secas, deja en claro, por esos interesados quiebros dialécticos, incluso, a la reglamentación de la Cámara catalana, lo insustancial de la política democrática para algunos, siendo, por si fuera poco, los máximos representantes de ella.

En fin, me pregunto dónde están, pues, los pedagogos en Cataluña, dónde sus voces. Salvo algún breve pronunciamiento de algunos rectores en favor de la legalidad, apenas se les ha oído. Si es así, sería interesante que dijeran algo. No me refiero, desde luego, a los que, parece que según algunos (Patxi López, Alfonso Guerra o Albert Boadella, además de los casos constatados por el Ministerio de Educación) adoctrinan a los más jóvenes, tanto en la enseñanza como en la televisión. No. Me refiero a los que quieren cumplir con su deber de personas tolerantes, conciliadoras y abiertas, que imagino que serán muchos más que los anteriores, o sea, a los que terminan por practicar la pedagogía. Por otro lado, claro que está, en sí misma, ha perdido valor hoy en día, en relación con otras ciencias y saberes, y que vivimos en un mundo tecnologizado -antes técnico, y era igual-, que las humanidades están donde están en la enseñanza básica, posobligatoria y universitaria, pero no importa.

La pedagogía en Cataluña tenía su sello especial, la hacía a esta dialogante, es más, se identificaba con ella. De ahí, acaso, su estela de buena comunidad lectora y su nada despreciable sensibilidad cultural a lo largo de todo estos años, que, incluso, servía de contrapeso en esta cuestión al vacío existente en otras partes del país. Sí, claro, habríamos de regresar de forma urgente a ese lugar de diálogo y apertura, a fin de cuentas, de pedagogía, hoy en día un tanto asolado y desconocido. A propósito de esto, no me resisto a transcribir a continuación una cita que, desde luego, no pretende sintetizar todo lo que está pasando, pero sí, por lo menos, darle un toque pedagógico que, acaso, tanto falta en estos momentos. Así reza: «Si tu corazón es un volcán, ¿cómo pretendes que broten las flores?» (K. Gibran, poeta libanés). Pues eso.

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