¿Reaccionamos?

A estas horas son ya muchas las mujeres que en no importa el país, se han atrevido a denunciar su condición de víctimas, los actos vejatorios que han tenido que soportar y la vergüenza de guardar silencio

IMANOL VILLA

Hace apenas dos días, el diario francés ‘Libération’, se hacía eco del testimonio de ocho mujeres de las Juventudes Socialistas francesas que afirmaban haber sido víctimas de acoso sexual en el seno de la organización progresista. Pocas semanas antes de esta denuncia, ‘Le Figaro’ había publicado los resultados de un sondeo en el que una de cada dos mujeres francesas afirmaba que había sufrido algún tipo de acoso sexual en el trabajo al menos una vez en su vida. Por las mismas fechas, un grupo de actrices francesas, entre las que se encuentran Juliette Binoche, Léa Seydoux y Marion Cotillard, señalaron haber sido víctimas del ya defenestrado Harvey Weinstein o testigos de agresiones similares dentro de su trabajo. En España, esta misma semana, la Liga de las mujeres profesionales del teatro, ha elaborado un manifiesto titulado ‘Una profesión de putas’, en el que arremeten contra la cultura del silencio reinante en una profesión en la que no son pocas las mujeres que se han visto y se ven forzadas a satisfacer los deseos sexuales de aquellos que tienen más o menos poder sobre su futuro profesional.

Francia, España, Estados Unidos… A estas horas son ya muchas las mujeres que en no importa el país, se han atrevido a denunciar su condición de víctimas, los actos vejatorios que han tenido que soportar y la vergüenza de guardar silencio. Mujeres, todas en igualdad de derechos y oportunidades, muchas de ellas valoradas socialmente, famosas, con dinero y sin embargo, convertidas en víctimas por la baboseante cultura machista de una industria -sociedad-, dirigida por hombres que no merecen en absoluto ese calificativo de género. A éstas se suman las desconocidas, las mujeres anónimas que han tenido que aguantar la violencia de esos que se creen que son superiores. El más mínimo pensamiento sobre el asunto provoca náuseas y la desazón total. ¿Cómo es posible que los logros en materia de igualdad entre géneros hayan inundado la virtualidad de los supuestos y no hayan cuajado en la realidad? ¿De verdad nos tenemos que creer que hombres y mujeres son iguales y pueden caminar libremente por la calle? No seamos ingenuos.

Cuesta salir del asombro ante la oleada de testimonios que apuntan a los hombres como caciques sexuales. Más aún cuando, según los datos aportados por el Barómetro 2017 del ProyectoScopio, elaborado para el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, más del 20% de los jóvenes de entre 15 y 30 años consideran que el problema de la violencia machista se ha politizado tanto que se exagera mucho, y el 27,4% refiere que es una conducta normal dentro de la pareja. Y eso cuando en tan sólo quince años en España llevamos más de novecientas mujeres asesinadas. ¿No es suficiente este dato para no callar nunca más y hacer algo de una vez?

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